Corso lo bueno y lo malo
Cochabamba cerró el Carnaval en Bolivia con broche de oro con una síntesis de lo mejor de nuestras danzas, cultura, folklore y creatividad. Y, sin duda, las unidades militares le dieron un sello propio a la fiesta de fiestas con sus comparsas inspiradas en las últimas tendencias del cine y la música.
La ciudad del valle está orgullosa de su Corso de Corsos como se puedo apreciar en la gran asistencia del público.
Todo el recorrido tenía sillas y graderías repletas de espectadores y, si bien, la Alcaldía mantuvo el precio de los módulos para quienes venden esos asientos, los comerciantes fueron los que finalmente impusieron los precios para el público en base a la oferta y demanda.
Algunos asientos se vendieron hasta en Bs 600, en los sitios más cercanos al palco oficial. Sin embargo, al inicio de la ruta se podían hallar, incluso, en Bs 30 y 50.
Ese abanico de precios permitió que muchas personas disfruten del desfile; pero no del espectáculo, porque al tratarse de una ruta larga los danzarines optan por caminar, avanzar a brincos e, incluso, correr para aproximarse más rápido al palco oficial, donde se lucen con sus coreografías.
A ello hay que sumar la desorganización en el punto de partida, debido a que no todas fraternidades estuvieron con todos sus integrantes a tiempo. Además, de fallas con algunas carrozas que retrasaron el paso de los danzarines.
Además, fue un recorrido con más participantes de los previstos. Tanto así que se extendió hasta la madrugada. Este aspecto puede verse como un retroceso, porque los últimos años se había logrado que la entrada se desarrolle sin ‘baches’ y que la presentación termine a las 24:00 horas.
Como se trata de un espectáculo que se organiza todos los años y que es un motor para la economía regional es importante mejorar la organización para optimizar el impacto económico y turístico. En la medida que se tengan los datos precisos del movimiento comercial y de ingresos para la Alcaldía de Cochabamba se podrán implementar medidas que ayuden a tener un Corso de Corsos que sea un potencial para la reactivación económica.
Otras de las mejoras pendientes es la ruta, que debe ser adecuada para el flujo de visitantes y participantes; pero, además, hay que evaluar la pertinencia de cerrar vías que cortan la circulación entre norte y sur.
Antes se llegó a proponer el contar con un ‘cochalodromo’, similar al escenario que existe en Santa Cruz. La idea se quedó ahí y no avanzó más; sin embargo, cobra fuerza cuando llega el día del Corso de Corsos y las vías se tienen que cerrar generando congestionamiento vehicular.
Hay razones de sobre para sentir orgullo por el corso cochabambino, pero sin dejar de lado que cada año debe estar mejor organizado, promocionado y regulado, para que nada opaque la fiesta grande de Cochabamba.

















