Maíz desgranado, maquinaria desmontada
Así como se desgrana un maíz seco hasta dejar solo el marlo, o se desarma una maquinaria vieja hasta dejar sólo el chasis, así el aparato de poder populista parece haber quedado desgranado, desmontado.
A junio de 2026, los bloqueos del evismo masista reflejarían apenas los estertores de ese modelo en su fase terminal. En este desmoronamiento y derrota de una forma de ver y hacer política, para Rodrigo Paz emergería la posibilidad de ir construyendo la institucionalización democrática de varios cambios por venir. Y para ver su viabilidad, veamos qué es exactamente lo que pasó.
1. La guerra civil por medios políticos
En nuestra hipótesis, Bolivia vivió en junio una especie de guerra civil por medios políticos. El populismo radical impulsó una escalada de conflictos que fue, no lo duden, una estrategia minuciosamente planificada por su estado mayor, cuya cronología es la siguiente:
- Hace 50 días (el 1 de mayo de 2026): iniciaron las protestas. La COB activó movilizaciones en capitales departamentales, usando un pliego gremial “tradicional” como detonante encubierto de la estrategia radical.
- En las semanas siguientes se vivió una escalada de fuerzas. Sindicatos y organizaciones matrices controladas por el evista MAS-IPSP se congregaron de forma acelerada, mutando el reclamo laboral en una abierta agenda de desestabilización.
- En la fase de bloqueo y asedio territorial (primera y tercera semana de junio), el ala radical cercó las carreteras troncales y estranguló los accesos a La Paz, provocando el desabastecimiento de mercados, corte de oxígeno en hospitales y parálisis del libre emprendimiento general.
- Con la evolución del asedio se visibilizó el diálogo estratégico diferenciado (entre el 15 y 19 de junio), el gobierno de Rodrigo Paz instaló mesas técnicas bajo la premisa de "separar el trigo de la cizaña", combinando prudencia policial y desactivación de la fuerza política de las bases de las organizaciones que iban al diálogo.
- Al 20 de junio (Decreto de estado de excepción), ante el agotamiento de la distensión y la persistencia del asedio, el Ejecutivo decretó el estado de excepción para desarticular la conspiración y restablecer el orden constitucional.
2. Medición de fuerzas. A lo largo de mayo y junio, el mapa de actores tuvo tres bloques según su representatividad y relación con el Estado:
- Fase de mesas técnicas, sin acuerdos, con facciones internas de la COB y mineros, cuando sus cúpulas tradicionales rechazaron sistemáticamente las mesas técnicas, imposibilitando cualquier entendimiento. Su temática se centró exclusivamente en demandas corporativas, preservación del fuero sindical, control de fondos públicos y prebendas estatales.
- Fase de crisis y desarticulación con acuerdos graduales. Las Federaciones de transportistas, juntas vecinales y cooperativas rompieron con la violencia y firmaron convenios definitivos durante la crisis. Desplazaron la retórica étnico-sindical para acordar soluciones estructurales como reactivación productiva, respeto a la propiedad privada e inserción en los modelos de Autonomía 50/50 y Capitalismo para Todos.
- Tras el decreto del 20 de junio permanecen movilizadas las milicias del trópico de Cochabamba y grupos de choque mostrando ante el mundo el reducto radical que rechazó todo acuerdo institucional con el Ejecutivo. Su temática de no acuerdo fue estrictamente política-personal al exigir impunidad judicial para sus cuadros y la habilitación electoral forzada de su líder. Geográficamente quedaron aislados en el Chapare.
3. Desmontada la vieja máquina de lo nacional popular
El desmontaje de la maquinaria corporativista deja al descubierto un viejo chasis corroído, pero aún vivo, el Chapare y sus fuerzas organizadas.
Desarticular este sobrante ahora delimitado requerirá el despliegue de una estrategia integral que sea económica, política, institucional, social y cultural que vaya más allá de la coyuntura para derrotar democráticamente, y desde la raíz, al corazón autoritario del populismo radical que en los 50 días de crisis fue la expresión más alta de lo “nacional popular” que va muriendo.
El autor es sociólogo
Columnas de CARLOS HUGO LARUTA

















