Superar la crisis de los carburantes
La escasez de combustibles —gasolina y diésel— que afectan nuevamente al país debe marcar un punto de inflexión para la elaboración de las políticas públicas para asegurar el abastecimiento para el transporte y la producción, porque difícilmente el país podrá soportar una crisis que arrastra desde hace dos años, cuando comenzaron las filas en las estaciones de servicio.
En 2025, cuando el nuevo gobierno eliminó la subvención a los hidrocarburos y “sinceró” los precios de los combustibles, la población mostró su respaldo a esta medida y sobrellevó los efectos inmediatos en su economía, como el alza de los pasajes en el transporte público.
Entonces, confió en que ese apoyo repercutiría en una estabilización de la economía y permitiría poner fin al desabastecimiento.
De acuerdo con los antecedentes, antes de que se elimine el subsidio a los hidrocarburos, Bolivia destinaba 2.000 millones de dólares anuales para ese fin, lo que representaba un promedio de 10 millones diarios, el 4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) nacional.
La falta de combustible ha provocado que sectores estratégicos del país como el transporte y los productores agropecuarios se declaren en emergencia por la falta de combustibles, porque sus actividades tienden a paralizarse por falta principalmente de diésel.
Aunque, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) asegura que el suministro de combustibles se normalizará gradualmente en el país, los expertos en hidrocarburos alertan de una crisis o precrisis energética que se agudirzará en los siguientes años al punto de que el país también se verá obligado a importar gas natural.
En procura de evitar que esta crisis escale e impacte negativamente sobre la economía del país, el Gobierno Nacional asegura que ha emprendido las acciones para mitigar el impacto y buscar opciones.
Una de esas acciones es el retorno de Petrobras, la empresa estatal de Brasil a Bolivia para que participe en toda la cadena de los hidrocarburos; pero, principalmente en la reingeniería de YPFB para tener una empresa estatal que responda a las necesidades actuales y se prepare para un futuro poco optimista.
Ese cambio debe contemplar, inelidublemente, convertir a la estatal petrolera en una empresa transparente sin resquicios para la corrupción.
De ahí que las leyes y normativas que se aprueben para la exploración y explotación de los hidrocarburos en Bolivia sean suficientemente sólidas para salir de la crisis y que beneficien al país y a los potenciales inversionistas.
Todas las acciones que se realicen serán importantes para que Bolivia supere la crisis de los carburantes, pero se necesita contar con un plan y un cronograma para medir los resultados que aseguren que la estrategia va por el camino correcto.



















