Sin oxígeno en pandemia: desde sobras hasta contrabando para respirar
“Yo necesitaba oxígeno y no había forma de conseguir”, recuerda Gonzalo Ruiz, que durante la tercera ola de la pandemia estuvo a punto de perder la vida después de contagiarse con Covid-19, mientras el país atravesaba una dramática crisis de oxígeno.
Entre la primera y la tercera ola de la pandemia en el país, cientos de bolivianos buscaron la forma de seguir respirando, aferrándose a la vida, mientras sus familiares vivían un calvario para recargar un botellón de oxígeno. “No querían cargar a nadie. No tenían. Y aunque de las sobras de lo que tenían en otros botellones sacaban de poco en poco (para cargar)”, cuenta Ruiz. Pero ¿cómo se afrontó esta situación desde el ámbito público?
El Lab TecnoSocial, un colectivo de cientistas sociales e ingenieros informáticos, desarrolló la plataforma “Contratos Abiertos Bolivia” en la que liberó una base de datos de las contrataciones estatales que se realizaron entre marzo de 2020 y enero de 2022 para hacer frente al Covid-19 en el país. Según estos datos que fueron extraídos del Sistema de Contrataciones Estatales (Sicoes), se ejecutó un monto aproximado de 58,1 millones de bolivianos en la adquisición de oxígeno, compra de insumos para suministro de este elemento, construcción de plantas, compra de generadores y servicios.
Se identificaron dos vías para el suministro de oxígeno, por un lado, la adquisición directa a través de la recarga de gas en metros cúbicos y kilogramos por un monto de 18,8 millones de bolivianos. Por otro, la compra de 14.537 piezas de oxígeno en tubos, cilindros, tanques y balones por 24,2 millones de bolivianos.
Pero también se adquirieron concentradores y generadores de oxígenos, alrededor de 960 unidades por un monto de 1,7 millones de bolivianos para abastecer del elemento vital en municipios alejados de las zonas urbanas de diferentes departamentos.
Además, sondas de oxígeno, humificadores de oxígeno, manómetros de flujo y máscaras figuran entre los insumos que más se adquirieron en ese periodo, por un monto de 5,6 millones de bolivianos. Mientras que se destinó más de 657 mil bolivianos en la adjudicación de servicios para la recarga de oxígeno, alquiler y mantenimiento de compresores, servicios de ampliación de la línea de suministro de oxígeno y servicios de manejo y control de bacterias.
El exdirector del Servicio Departamental de Salud Cochabamba (Sedes), Yercín Mamani, que afrontó la crisis de oxígeno durante las tres primeras olas, informó que, a mitad de la primera ola, cuando se liberaron aranceles para la importación de insumos para hacer frente a la pandemia, los procesos de contratación de este insumo fueron más ágiles. Pero cuando la norma dejó de estar vigente, la respuesta fue menos ágil.
“No sabíamos ya qué hacer (…), (accedí) al oxígeno de contrabando por medio de otra gente. Hemos tenido que llamar y quedar en un punto de encuentro frente al hospital de emergencias del Hospital Viedma. Ahí me he encontrado con esta gente, con miedo”, dijo Maira Lino, otra ciudadana que hizo todo lo que estuvo a su alcance para conseguir oxígeno, pero por las complicaciones con el Covid-19 perdió a su mamá y su hermano quedó con secuelas.
Pero ni eso fue suficiente, también tuvieron que traer oxígeno desde Sucre. Contrataron un servicio de camionetas que recogía los botellones, los recargaba en esa ciudad y los regresaba. Eso era cada dos días, pero sus familiares terminaban el oxígeno en cuestión de horas.
Praxair tuvo más contratos
Según la base de datos, Praxair Bolivia se adjudicó casi 50 contratos para suministro y abastecimiento de oxígeno, por un monto real ejecutado de 6,2 millones de bolivianos aproximadamente.
Los datos muestran un monopolio de la empresa en el mercado, frente a otras firmas que se adjudicaron entre 6 y 13 contratos en el mismo periodo. Después de Praxair se encuentran la empresa Nitrox y la firma unipersonal Veliz Guzmán Isaias con 13 contratos adjudicados, cada una.























