Los 5 minutos de gloria del aguatero
A Pablo León le bastaron cinco minutos para entrar en la historia del fútbol paraguayo en la Copa América de 1953, la primera que ganó la Albirroja.
León, que era el último suplente y ayudaba al fisioterapeuta a repartir agua a sus compañeros, saltó a la cancha y marcó un gol decisivo para derrotar a Brasil y llevar el torneo a un duelo final de desempate que Paraguay ganaría nuevamente a los brasileños.
La Copa se disputó en Lima y la selección paraguaya, comandada desde el banquillo por el laureado Manuel Fleitas Solich, llegaba en plena forma después de décadas de frustraciones y fracasos bajo el yugo argentino y uruguayo.
Paraguay debutó con un contundente 3-0 a Chile y después empató a dos con Perú, aunque los puntos fueron para los locales porque Solich se despistó e hizo cuatro cambios.
En ese partido, además, la Albirroja perdió a Milner Ayala, su suplente principal, que le pegó un puñetazo al árbitro inglés.
Después de un empate con Uruguay y una victoria ante Bolivia, Paraguay llegó a la última jornada de la copa con la obligación de ganar a Brasil y esperar una improbable derrota de Perú ante los charrúas, ya sin opciones.
Esa era la combinación de resultados que Paraguay necesitaba para llevar el torneo a un duelo de desempate con el poderoso combinado brasileño.
Paraguayos y brasileños empataban a uno a cinco minutos del final. Solich miró al banquillo en busca de un revulsivo para los últimos instantes y, sorprendentemente, llamó a León. “Entra a la cancha y gana el partido”, le dijo en idioma guaraní el técnico, según los reportes de prensa de la época.
Pablo León era un extremo derecho del club Guaraní. No había jugado en todo el torneo y tampoco entraba en sus planes hacerlo, como pone de manifiesto que su principal tarea era ayudar al kinesiólogo a repartir agua, una función que popularmente se conoce en Paraguay como la de aguatero.
El jugador saltó al césped y cumplió las instrucciones del seleccionador al dedillo. En el primer balón que tocó, a un minuto del final, conectó un potente disparo que se transformó en el 2-1 a favor de Paraguay.
La primera parte de la epopeya paraguaya para llegar a un duelo de desempate se había cumplido, pero faltaba que Perú, que ejercía de local, tropezara ante la selección uruguaya, que ya no se jugaba nada en el torneo.
La victoria charrúa parecía tan improbable que Fleitas Solich abandonó la concentración de Lima y tomó un avión rumbo a Buenos Aires para negociar con un nuevo equipo.
Y la sorpresa fue de campeonato en la capital peruana cuando Uruguay se impuso por 3-0 y forzó el desempate entre Paraguay y Brasil.
Fleitas Solich tuvo que regresar a Lima a toda prisa y sólo pudo aterrizar unas horas antes del duelo decisivo, que coronó a los guaraníes tras vencer a los brasileños con un estrecho 3-2.
EL ERROR DEL EQUIPO PARAGUAYO
Paraguay fue campeón invicto, en la cancha. En los papeles, perdió contra Perú, partido que había terminado empatado 2-2 porque, a causa de un lapsus mental “nadie se dio cuenta”, Paraguay hizo cuatro cambios en lugar de los tres permitidos y, en una votación, la comisión organizadora resolvió adjudicarle los puntos a Perú.
En ese torneo Paraguay sumó 10 puntos; Brasil, 8; Uruguay, 7. Bolivia ocupó el penúltimo puesto con 3 unidades.





















