Conozca cómo la Guerra del Pacífico afectó a Cochabamba
Bolivianas y bolivianos convendríamos que la pérdida al acceso marítimo, que esperamos sea transitorio, fue el principal resultado nefasto de la derrota del Pacífico. ¿No hubo otras consecuencias, que transformaron nuestro tejido económico y comercial? En 1889, el comerciante alemán Herman Von Holten, Presidente del importante "Círculo de Comercio" de Cochabamba, escribió en tono de denuncia que: "La guerra la ha tenido la nación y no Cochabamba y sin embargo es solamente Cochabamba y no la nación la que ha sufrido las consecuencias (...) Cochabamba fue sacrificada y ella sola fue condenada a sufrir las consecuencias de la funesta guerra”.
¿A qué se refería? Antes de la Guerra, la región descansaba su economía en la producción y exportación de cereales—no en vano era el “Granero del Alto Perú”— y en la elaboración artesanal, principalmente zapatos y cueros curtidos. Su mercado eran las zonas mineras y altiplánicas, e incluso podía llevarlas hasta la costa del Pacífico. La harina de trigo, el principal producto exportable, armaba a su alrededor un amplio efecto multiplicador. Este se iniciaba en los terratenientes que explotaban la fuerza de trabajo indígena, continuaba con los molineros asentados en los bordes de la cordillera para aprovechar las caídas de agua que movían las piedras que trituraban los granos, seguía con los artesanos y artesanas que confeccionaban los “cotenses” para guardar granos y harinas. Estaban las decenas de arrieros mestizos e indígenas que en acémilas llevaban los productos regionales a los mercados y los productores de alfalfa que las alimentaban. Eran los dinámicos restos del mercado interno generado en la era colonial, pero que a fines del siglo XIX desaparecería, gracias al liberalismo económico y el capitalismo minero en su fase internacionalizada.
Todo comenzó con el Protocolo suscrito entre el vencedor Chile y Bolivia el 30 de mayo de 1885, cuyo artículo No. 7 disponía que los productos naturales chilenos y elaborados por ellos se "internen" libres de derechos a territorio boliviano. Reflexionando sobre sus adversas consecuencias, Von Holten, , apuntó: “Potosí, Colquechaca, Oruro, La Paz se llenan de harinas chilenas, en los minerales ya usa calzado chileno, para el mismo ejército se compra calzados chilenos”.
La situación se tornó aún más dramática con la conclusión del ferrocarril Antofagasta-Oruro (1892). Inaugurado por el presidente Aniceto Arce e importante capitalista minero sirvió como pieza maestra de la internacionalización de la minería en su fase de alianza con Chile, pero dará la estocada final a la reconversión del mercado interno. Bolivia comenzó a importar azúcar, harina de chile e incluso la lejana California, vinos, zapatos, etc., productos antes provistos por las regiones. La economía boliviana adquirió recién entonces la figura de un “enclave”.
“Maldito Ferrocarril” dirá Fidel Araníbar, importante hombre de la elite Cochabambina. La harina “flor” chilena, empezó incluso a venderse en la ciudad capital incrementando el pánico hacendal. Para este Departamento, más que para ninguna otra región boliviana, el tránsito de post Guerra fue particularmente duro. "Consecuencia lógica ha sido la restricción de cultivos en la elaboración de los productos, el empobrecimiento general y la ruina de los gremios agrícolas e industriales" dijo el 28 de agosto de 1900, el influyente periódico "El Heraldo".
Sus palabras resumen el sentir de las clases dominantes de Cochabamba por una época crucial y adversa. La pérdida de los mercados significó para la región ingresar en una fase de crisis económica acicateada por condiciones ecológicas no siempre propicias. Muchos hacendados, principalmente de sus tres principales valles (Bajo, Alto y de Sacaba), se vieron en serios conflictos para cancelar sus créditos con el sistema bancario obligándose al remate de sus propiedades. La arriería se contrajo afectando a los conductores y a las localidades cuyos forrajes alimentaban a las recuas. La migración campesina indígena y artesanal hacia la costa y las salitreras del Pacífico en busca de trabajo empezó a tomar mayor cuerpo. Cochabamba dejó así de ostentar el blasón de "Granero de Bolivia" y se inició para el país la era de la dependencia alimentaria.



















