Agua: toda precaución es poca
Lo vivido en La Paz y El Alto los últimos meses debido a la escasez de agua es un claro ejemplo de la máxima alerta a la que debemos someternos gobernantes y pobladores para aplicar políticas inteligentes para su racional uso.
Más aún si nos debiera interpelar que a estas alturas de la experiencia en sequías y racionamiento de agua que tiene Cochabamba, no hayamos logrado resolver ninguno de los factores que confluyen para hacer de nuestra ciudad y región una de las más afectadas por la escasez de agua.
Como se ha informado, los niveles del agua acumulada en los principales embalses de los que se abastece nuestra región —las lagunas de Wara Wara y Escalerani (Tunari) y la Angostura— están muy por debajo de su capacidad de almacenamiento a pesar de que la época de lluvias está llegando a su fin. El caso de Misicuni no es mejor, pues sólo logró almacenar cinco millones de metros cúbicos, cuando la meta era de 60.
A ello se suma la pérdida de agua por las fugas en la instalación de redes de dotación y la poca cultura ciudadana de cuidado y ahorro. Además, están la deforestación y la tala de bosques cerca de las cuencas, que afectan el ciclo de preservación hídrica, las operaciones de extracción y búsqueda de hidrocarburos en varias regiones de Bolivia y la expansión de las manchas urbanas, que, en el caso de Cochabamba, logró impermeabilizar el suelo en una gran extensión de zonas importantes para la regeneración de las vetas acuíferas que circulan por el subsuelo.
En tales circunstancias, no es difícil prever que este año la escasez de agua será también severa, con posibilidades de que sea incluso peor que la del año anterior, razón más que suficiente para adoptar racionales precauciones que eviten llegar a situaciones extremas.

















