Roberto Prudencio y la proyección del Kollasuyo
El ambiente sociopolítico del actual régimen del Movimiento Al Socialismo (MAS) tiene como uno de sus pilares la reivindicación de lo autóctono. El hecho que varios intelectuales, políticos, medios de comunicación, hablen en nombre de las mayorías marginadas y utilicen como bandera de lucha lo andino no es prerrogativa de estos apologistas de la indianidad.
La historia de las ideas en Bolivia nos expone un largo recorrido de la temática indígena a través de la ensayística, la historia, la novela y el arte (escultura, pintura, cine). Se puede mencionar por ejemplo: Alcides Arguedas, Franz Tamayo, Arthur Posnansky, José Salmón Ballivián, Tristán Marof, Cecilio Guzmán de Rojas, Marina Núñez del Prado, Julio Aquiles Munguía, Fernando Diez de Medina, Fausto Reinaga, José Antonio Arze, Mercedes Anaya de Urquidi, Carlos Ponce Sanjinés, entre otros.
A mediados del siglo XX, el filósofo boliviano Guillermo Francovich (1901-1990) denominó a la corriente telúrica como una mística de la tierra: “Movimiento por el cual los procesos cósmicos y las influencias telúricas del Ande predestinan al país a una excepcional función histórica […]. La tierra tenía que ser el sustento del nuevo espíritu boliviano, de su auténtica originalidad cultural. Auscultando sus secretos, Bolivia podría conquistar su independencia espiritual como necesario complemento de su independencia política”. Se puede apreciar que el tópico indígena fue una preocupación permanente en la faena cultural, pero no gozaba de realce político, prestigio intelectual, ni era concebido como proyecto real de poder por ser el tiempo de los mineros.
Dentro de esta contrariedad cultural y política el filósofo Roberto Prudencio Romecín (1908-1975) vislumbró tempranamente la importancia de lo andino –décadas posteriores– en la esfera de lo público. A finales de los años 30 Roberto Prudencio publicó su ensayo Sentido y proyección del Kollasuyo (1939). La discusión que propuso el filósofo fue la defensa del particularismo frente al universalismo. El paisaje andino –según Prudencio– es el factor que modela al hombre: “Las energías latentes de la tierra se plasman en imágenes, en intuiciones, en ideas”. La fuerza geográfica determina el modo de concebir la cultura: “Lo telúrico es la síntesis y el secreto de toda creación”, manifiesta Prudencio. Toda manifestación cultural –según los místicos de la tierra– tendría que percibir los secretos arcanos que están inmersos en la naturaleza. Los escritores, artistas y políticos simplemente avivarían el espíritu dormido de la tierra, animándolas y dándoles expresión.
Roberto Prudencio percibió que toda esta fuerza telúrica “simboliza la lucha, lo ilimitado y lo lejano que representa el horizonte”. En ese tiempo, los intérpretes de lo autóctono y la temática misma representaba un desfase con su espacio, tiempo y cultura.
El filósofo Prudencio intuyó el rol de los intelectuales en décadas futuras: “El nuevo kolla, que ha de ser el criollo y el mestizo indianizado, tiene que cumplir su sino histórico que es el de forjar un nuevo ciclo cultural. Esta cultura al inspirarse en las formas permanentes de la tierra tendrá sus raíces en el milenario Tiahuanacu, que perdurará así a través de una nueva humanidad, la que sabrá arrancar al paisaje ancestral un nuevo sentido”. La actual coyuntura denominada “proceso de cambio” es la materialización de la prédica de los místicos de la tierra, asimismo, es la instrumentalización de la temática indígena en la política, tal como lo entrevió el filósofo Roberto Prudencio, quien acariciaba ideas afines con la derecha.
El autor es abogado.
Columnas de María Elena Galindo Udaeta

















