Los abogados y la fachada descolonizadora
El Gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) construyó su discurso político en base al llamado “proceso de cambio”. Ahora bien, una gran parte del siglo XIX (y aun antes) continúa siendo relevante para entender lo que fue el siglo XX. Por supuesto, comprender estos primeros 15 años del siglo XXI significa retrotraernos a la anterior centuria. Partiendo de esta premisa, tal vez se podría entender al segmento de abogados.
La historia de las ideas proporciona algunas pautas de comportamiento donde refleja continuidades y críticas a este sector.
El intelectual Alcides Arguedas en Pueblo enfermo (1909) vio al sector abogadil como una amenaza social: “El abogado incita al pleito por cualquier cosa, por nada, por una rozadura de vestido, por una mala mirada (…). El demandante empujado por los abogados se apresura a llevar a los tribunales la solución de una contienda que se hace eterna”. Del mismo modo, el exrector de la UMSA, Juan Francisco Bedregal en su ensayo La máscara de estuco (1924) sostuvo: “El abogado con la mayor frescura y sinceridad considera las leyes y sus credenciales, como un predio al que está obligado a sacarle el rendimiento máximo en beneficio suyo”. También el escritor Enrique Finot en su novela El cholo Portales (1926) escribió: “La profesión de abogado no es por lo general sino el medio fácil de escalar una situación política o de obtener el desahogo económico al amparo de las ventajas que ofrece para abusar de la ignorancia de la plebe, explotar a la pobre raza indígena y embaucar a incautos”. Igualmente el ensayista Daniel Pérez Velasco en La mentalidad chola en Bolivia (1928) resaltó el aspecto negativo de los juristas: “La abogomanía se ha constituido en un cáncer nacional […]. De las Facultades de Derecho salieron todos los tinterillos absurdos que durante cien años corrompieron y despotizaron a las plebes de Bolivia”, entre otros autores.
El estamento de abogados en nuestro país fue y es percibido de modo ambiguo. Por un lado, implica estatus, prestigio y ascenso social; por otro lado, es una de las profesiones más cuestionadas por la sociedad y la opinión pública. Pero, cada año y sin excepción alguna no faltan postulantes a las Facultades de Derecho del sistema universitario y universidades privadas. El filósofo H. C. F. Mansilla en su ensayo El carácter conservador de la nación boliviana (2010), sostiene que la mentalidad conservadora-convencional se ha refugiado de manera preferente en el estamento de abogados, jueces y fiscales. La mentalidad jurídica está sustentado por viejas y arraigadas tradiciones que provienen del patriarcalismo indígena precolombino y del autoritarismo ibero-católico. El Órgano Judicial representa para Mansilla lo más conservador y convencional de la nación boliviana. Mansilla sostiene que hasta el día de hoy continúan vigentes los baluartes de la Bolivia profunda en este sector, a pesar de los procesos modernizantes y las grandes reformas estatales. La sociedad boliviana independientemente de su etnia, su ideología y su formación académica, arrastra convencionalismos que no se modificaron con el pasar de los años y en algunos casos se acentuaron con mucha fuerza hasta el día de hoy.
Es ilustrativa una curiosa costumbre en Bolivia al referirse a todo abogado como “Doctor”. Este título es puramente honorífico-conservador. Lo otorga la rutinaria sociedad boliviana y los abogados asumen placenteramente este rótulo, dado que el título que otorgan las universidades es Licenciado en Derecho. Pero, ni los abogados ni la sociedad se cuestionan sobre este gratuito título otorgado a los “doctores” en Bolivia. El MAS en su discurso es un Gobierno que refundó el Estado a través de la descolonización y la moral indígena, pero hasta la fecha no modificó ni un milímetro las convenciones y rutinas “sagradas” de los abogados. El discurso de buenas intenciones se aleja de la vida cotidiana y todo queda en el papel. Por consiguiente, el MAS hace mucho ruido pero hay pocos resultados a la vista en estos tiempos de cambio.
El autor es abogado.
Columnas de María Elena Galindo Udaeta




















