El Planeta de los Misios
No podemos seguir así. El tema que hoy trataremos nos debería haber ocupado hace ya mucho tiempo y se trata de los derechos humanos con referencia a la educación sexual y reproductiva.
¡Qué difícil es hablar de sexo! Es casi como mentar a la madre de una manera poco cortés. Hablar de sexo en Bolivia y en los países latinoamericanos es, definitivamente, una especie de pecado mortal y sólo tiene existencia como tal porque lo cargamos de moralidad.
Interferimos en el comportamiento sexual como si fuera de nuestra incumbencia y juzgamos, como los tiranos más brutales, actos sexuales normales.
No nos queremos comprometer con una educación sexual que defina claramente todo; desde la reproducción sexual, que hablar de dónde vienen los niños no es educación sexual es biología. El saber que para la procreación se necesita un pene es ya una cosa que no responde a la realidad universal ahora que sabemos que se hacen fertilizaciones in-vitro.
La idea del sexo y la familia es otra falacia engañosa de una moral que requiere ser mirada de otra manera. El sexo es un acto sublime de un encuentro libre entre seres humanos sin importar nada más que su deseo y libertad.
La educación sexual debe necesariamente empezar por enseñar todo sobre el placer y las responsabilidades que eso acarrea. Que hay leyes que permiten los encuentros sexuales como legales a partir de una edad. Que el placer que da el sexo es admirable y no condenable. Que el hombre tiene que respetar el No de la mujer y debe asumir que la reproducción es su responsabilidad fundamentalmente. Que “sólo la puntita” tiene consecuencias.
La libertad sexual es algo que debemos impulsar como un derecho de las personas y los marcos de represión son la voluntad de los que están envueltos en la relación sexual.
Los mitos que debemos y tenemos que romper son por ejemplo que la familia es la mamá, papá hija, hijo, perro y gato.
Esas familias son de dibujos animados. Las familias más comunes son las monoparentales, porque precisamente se ha hecho responsable a la mujer y sólo a la mujer de la maternidad y el hombre feliz al cuartel a ser más hombre.
Hablar de métodos anticonceptivos es un problema mayúsculo, la palabra condón está identificada con lo clandestino y lo vergonzoso, con lo bajo si no pervertido.
En la reproducción sólo se ve a la mujer, es tiempo de que los hombres sean enseñados de su responsabilidad como parte activa tanto del acto mismo del coito como de las consecuencias del mismo.
El fenómeno del zika hace saltar a la luz, otra vez, que es una enfermedad que ataca a los pobres. Las soluciones sólo se las piensa utilizando químicos que puedan controlar al mosquito, químicos de los cuales poco sabemos de sus efectos secundarios. Sin embargo todos muy felices. Se sabe que el dengue, la chikunguñya y el zika son transmitidos por el mismo cabroncete, a eliminarlo entonces pero de maneras duraderas, mejorando las condiciones de vida de las gentes, dando agua potable, alcantarillado y enseñando el ciclo de vida de estos bichos.
Y ahora que se sabe que se transmiten sexualmente, se debe dar libertad a las mujeres de elegir si continúan su embarazo o no. Se debe y se tiene que dar una visión más real de las consecuencias de esta decisión. Y allá donde la ley impide el libre acceso al aborto se la cambie ya.
El autor es filósofo e historiador. Profesor emérito de la Universidad Anglia Ruskin, Cambridge , Reino Unido.
Columnas de Bernardo Triveño Camacho


















