¿Y más allá de la muerte, qué?
¿Qué hay más allá de la muerte? ¿Vida eterna, el cielo, el purgatorio o el infierno, según el caso? ¿La nada? ¿Otra vida, fruto de una reencarnación, en la que pagaremos lo malo y lo bueno que hicimos en ésta? Estas preguntas y otras suelen surgir en los días de Todos Santos.
Surgen a veces también en medio de una charla amena, graciosa o en conversaciones reflexivas. No faltan las oportunidades en las que nos queman por dentro: cuando ha partido para siempre un ser querido, cuando sumamos las contradictorias fatalidades del destino o cuando nos espera una peligrosa encrucijada.
Todos Santos, la añoranza por esos tiempos, esos momentos únicos en los que estuvimos con varios de esos seres que ya no están. También, la añoranza por el tránsito acelerado y tantas veces efímero de nuestra propia vida. Esa sensación de comprobar que 20, 40 o 60 años no son realmente nada y que todo es vanidad en esta vida. Esa percepción de que todo, sea lo extremadamente doloroso o la más grande de nuestras dichas, pasa. Y finalmente, quedamos solos frente a nosotros mismos.
El reto es entender y aceptar este misterio. ¿Cómo podemos estar preparados para lo que venga en ese trascendental futuro? Esta fabulosa escuela que constituye la vida cotidiana parece darnos, parte de la respuesta: dignidad, nobleza, generosidad y grandeza de espíritu suman siempre.
¿Acaso, cuando recordamos a aquellos que ya han partido, no surge una automática selección para elegir a quienes alegraron e hicieron más llevadera la vida de los demás? ¿Acaso no se multiplican las imágenes en las que se los veía felices cuando lograban la felicidad de los otros? ¿No es cierto que esos momentos únicos del sano contento valen más y los cuidamos mejor que a cualquier joya?
En cambio, qué muertos y solos se quedan los muertos del alma. Aquellas vidas en las que primó el hedonismo egoísta y bestial, aquellas en las que brillaron las fatuas luces de la soberbia y la hipocresía. Qué muerte más radical la de aquellos a quienes es preferible olvidar o recordar en los infiernos, porque hicieron gala y escuela del abuso, la traición, la violencia, la maldad y la envidia… sus vidas pasaron raudas y vacías en medio de la ansiedad por alcanzar sus satisfacciones pasajeras, a cualquier precio. ¡Pobres, qué mal lo hicieron! ¡Qué mal la pasan aún después de muertos!
Quién sabe cuál sea el destino final de los perversos, de los injustos, de los corruptos. Y así crean en eso de que “sólo se vive una vez” o de que “ahora es cuando”, su muerte en la nada resulta la más dolorosa y execrable. Quién sabe a qué pagas lleguen las consecuencias de sus actos si luego de esta vida les esperan otras realidades en medio de una justicia superior y perfecta.
¿Cielo o infierno? Aquí y ahora, cuando podemos definir cómo queremos enfrentar la vida pese a cualquier adversidad, y cuando definimos cómo queremos brindársela a quienes nos rodean. ¿Reencarnación? Aquí y ahora, cuando podemos y queremos volver a vivir los momentos más sublimes que por propia voluntad y consciencia construimos para ser mejores, para triunfar sobre nosotros mismos. ¿Nada? La nada es vencida aquí y ahora, valoremos este maravilloso milagro que es la vida.
Tal vez algún día, en la soledad de nuestras reflexiones personales, nos llegue la respuesta cabal, exacta. Con todo, más allá de la muerte, por donde uno lo vea, al menos yo estoy convencida de que hay vida.
PAULA MUÑOZ ENCINAS
Editora OH!



















