Entre hipócritas discursos de paz y democracia
“Bolivia está polarizada” es la frase que cada día escuchamos en los medios de comunicación, de parte de analistas que con mucho tino observan y analizan el comportamiento de la ciudadanía y los políticos. Sin embargo, de nada sirve haber encontrado el problema, porque estamos ante unos “líderes” y una mentalidad ciudadana que está lejos de querer resolver esta situación, pues, al contrario, parece que encuentran placer metiendo más leña al fuego.
Es increíblemente penoso ver que todo el tiempo hay enfrentamientos entre bandos, peleando por ideas y arremetiendo con toda la intención de matar al otro. Como si se tratase de una película de acción, todos ejercen sus papeles de “héroes” y a la vez de “villanos”, dependiendo del bando del que se mire. Pero yo solo veo a bolivianos que decidieron convertir al otro boliviano en un rival a vencer a muerte.
Pese a las imágenes de golpes, gritos, protestas, gasificaciones y demás hechos de violencia, a las autoridades que elegimos en urnas y a los otros electos por grupos cívicos no se les ocurre otra brillante idea que seguir lanzando discursos para decir a los bolivianos, al oído, que odien al “enemigo” y que la venganza está disfrazada de justicia o su violencia tiene aspecto de democracia.
Me resulta repugnante escuchar los discursos de uno y otro bando, utilizando a nuestros antepasados como bandera (más de un inca estará revolcándose en su tumba) y a otros aclamando a Dios como en épocas de oscurantismo (pobre de Dios). Es una verborrea de odio disfrazado cuyo único fin es seguir enfrentando a los bolivianos.
La primera misión de los “líderes” debería ser apaciguar los ánimos de la gente. Motivar a un encuentro y a la unidad a través de la paz. Es un hartazgo total seguir en la misma situación que solo nos deja en el subdesarrollo. Y, además, se convierte en un desatino político seguir hablando de una cultura de paz, mientras se llama a salir a las calles a enfrentar al otro.
Ojalá el ciudadano de a pie despierte y deje de seguir fanáticamente a estos líderes que ni siquiera están en las calles apoyando esos “reclamos” sea cual sea el bando. Que los pedidos de justicia sean reales y no sólo un motivo de venganza, aunque digan que no es así. Dejen de creerse su mentira. Y que la defensa de la democracia empiece por el principio básico de respetar la opinión disidente del otro.
A esto se suma la gran cantidad de agresiones ejercidas a uno de los pilares de la democracia: la libertad de prensa. Golpear a los periodistas no es democrático. Agredir a personas que están haciendo su trabajo no va a resolver los problemas del país.
Parece que, en lugar de evolucionar, hemos vuelto a nuestros instintos más primitivos a ese impulso de resolver, nada, a golpes. Mientras el pensamiento no cambie y no dejemos el odio de lado, seguiremos contando muertos bolivianos que nosotros mismos provocamos. Cuestionemos y dejemos de seguir bobamente a los líderes.
La autora es comunicadora social
Columnas de LORENA AMURRIO MONTES

















