La derrota de Orbán en Hungría cambia la dinámica política en la UE
El Consejo Europeo se encamina hacia una renovación. Su miembro más veterano, Viktor Orbán, está de salida tras una aplastante derrota en unas elecciones parlamentarias que han puesto fin abruptamente a sus 16 años de poder ininterrumpido, que han mermado significativamente la calidad de la democracia húngara.
Ahora Hungría estará dirigida por otro primer ministro, el conservador Péter Magyar, que comenzó su carrera política entre las filas de Orbán y se casó con una de sus exministras.
El cambio de guardia modifica automáticamente la dinámica de poder en la Unión Europea, donde Hungría vetó numerosas iniciativas que requerían unanimidad con respecto a asuntos como la guerra ruso-ucraniana.
Su notorio uso del veto, una herramienta legal concebida como último recurso que Orbán convirtió en costumbre, fue especialmente agravante para otros Estados miembros.
Sus vetos fueron calificados de “transaccionales”, “inaceptables” y “chantaje”. Un alto diplomático bromeó una vez diciendo que los vetos de Orbán eran como las muñecas rusas porque “nunca sabes lo que viene después de este”.
En las últimas semanas, además, se ha revelado que el ministro de Asuntos Exteriores de Orbán informaba regularmente a su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, sobre cumbres y decisiones clave de la UE.
La exasperación general explica por qué los líderes se mostraron tan entusiastas al felicitar a Magyar. “Hungría ha vuelto al corazón mismo de Europa, donde siempre ha pertenecido”, dijo Ursula von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, demonizada por la campaña de Orbán como enemiga de Hungría.
El francés Emmanuel Macron animó a los húngaros a “unir fuerzas por una Europa fuerte, segura y, sobre todo, unida”, mientras que el español Pedro Sánchez declaró que los valores europeos habían ganado. El alemán Friedrich Merz fue más franco, admitiendo sentirse “muy agradecido y aliviado” por los resultados y pronosticando que “ahora las cosas serán más fáciles”.
A pesar de llevar 16 años consecutivos asistiendo a las cumbres de la UE, Orbán fue notablemente pasado por alto y recibió muy poca atención en la avalancha de mensajes.
La italiana Giorgia Meloni y el checo Andrej Babiš, dos colegas afines, fueron de los pocos que homenajearon explícitamente al primer ministro saliente. “Sé que, incluso desde la oposición, seguirá sirviendo a su nación”, ha dicho Meloni.
“Optimismo cauteloso”
Mientras tanto, en Bruselas, los diplomáticos y funcionarios del Berleymont se preguntan cómo será la Hungría tras unas elecciones que han hecho historia.
Para algunos, el escenario futuro sigue siendo difícil de imaginar, dado lo mucho que Orbán ha remodelado el Estado húngaro de cara a sus intereses, socavando el Estado de Derecho, capturando el panorama mediático y profundizando los vínculos con Moscú.
El hecho de que Magyar, conservador, fuera anteriormente miembro del partido Fidesz de Orbán hasta que rompió filas en 2024 para liderar Tisza genera algunas dudas. Preguntados por sus expectativas sobre el ganador, varias fuentes anónimas expresan opiniones divergentes.
Uno de ellos cree en un “cambio significativo” tanto en el fondo como en el estilo, con una nueva Hungría más práctica y menos contraria a las normas. Un segundo diplomático se mostró mucho más comedido, señalando la asociación previa de Magyar con Fidesz, que podría perdurar. Un tercero se decantó por un “optimismo cauteloso”, con especial énfasis en esta última palabra. “Por supuesto, hay una sensación de alivio al ver marchar a un Gobierno que ha saboteado activamente a la UE durante años”.
Entre tanta variedad de opiniones, hay un sentimiento generalizado de esperanza de que, al menos, Magyar pase página a la era de veto de Orbán y que las deliberaciones colectivas se libren de bloqueos. El propio Magyar ha prometido que, bajo su dirección, Hungría adoptará una “posición constructiva”, “crítica y dispuesta al debate”.
En su primera rueda de prensa tras las elecciones, Magyar abordó una de las decisiones más polémicas de Orbán: su veto al préstamo de 90.000 millones de euros para Ucrania, que dio al traste con un delicado acuerdo alcanzado por los líderes en una cumbre decisiva celebrada en diciembre.
Magyar dijo que el acuerdo “ya estaba hecho” en diciembre y no debía revisarse. También confirmó que Hungría mantendría la cláusula de exclusión voluntaria del préstamo conjunto, negociada por Orbán, porque el país se encuentra en una “situación financiera muy difícil”.
Sus declaraciones fueron bien recibidos dentro de la Comisión, que ha luchado por superar el veto de Orbán y sus exigencias en relación con el oleoducto Druzhba.
Un portavoz declaró que el préstamo debería llegar a Kiev “lo antes posible”. También siguen bloqueados la vigésima ronda de sanciones contra Rusia, la apertura de los trámites de adhesión para Ucrania y 6.600 millones de euros en ayuda militar para Kiev.
Más allá de los vetos, el principal punto de fricción que los líderes de la UE quieren eliminar, la tarea más apremiante para Magyar es realinear la posición de Hungría en la constelación política y restablecer los lazos entre Budapest y Bruselas, actualmente en mínimos históricos.

























