“El guardián de tus datos”: la nueva profesión que vigila a las empresas desde adentro
En medio del universo de la tecnología y los negocios, donde cada clic y cada dato personal se convierten en un recurso económico, una nueva profesión va ganando terreno. Se trata del Oficial de Protección de Datos (DPO, por sus siglas en inglés), un rol que el abogado boliviano Mateo Muñoz, especialista en derecho, datos e inteligencia artificial, describe como una de las claves para un futuro digital más ético.
“Antes en Bolivia yo ejercía como abogado comercial, entonces era siempre solo defender los intereses de la empresa, y no está mal”, explica Muñoz en una entrevista con la Revista OH!. “Pero el tema de la protección de datos, al menos en mi entender, va un poco más allá de solo ayudar a que la empresa haga más dinero”, menciona.
Según el experto, que actualmente cursa un Máster Europeo en la materia, este nuevo rol transforma la abogacía tradicional. Mientras que un abogado corporativo se enfoca en los intereses de la compañía, el Oficial de Protección de Datos tiene una doble lealtad, explica. Por un lado, ayuda a la empresa a cumplir con las regulaciones, protegiéndola de multas y mejorando su reputación, lo que a su vez atrae más clientes. Pero, por otro lado, su función principal es otra. “Tú te aseguras de que la empresa no se pase de la raya”, afirma Muñoz.
Esta posición, especialmente en jurisdicciones como la europea, cuenta con una protección especial que garantiza su independencia, subraya. “La posición del oficial de protección de datos está bien protegida, es decir que, por ejemplo, el dueño de la empresa no puede invocarte así nomás si no le está gustando lo que haces”, detalla el especialista. Esto se debe a que el rol no responde a los intereses comerciales, sino al respeto por los derechos fundamentales.
“Tú estás en una posición en la que te aseguras que la empresa respete los derechos fundamentales, que son la protección de datos y la privacidad de las personas”, recalca Muñoz. “Entonces, estás trabajando para la empresa, pero asegurándote que no se pase de la raya con las personas. Eso es lo que me gustó, lo que me atrajo de esto”, menciona.
Por tanto, en un contexto donde los gigantes tecnológicos tienen la capacidad de procesar datos a una escala masiva, pudiendo incluso “manipular países enteros”, la existencia de estos “guardianes” internos se vuelve de vital importancia, considerando que son la primera línea de defensa para que los derechos de los ciudadanos no se diluyan en la búsqueda de ganancias, asegurando que la innovación y el desarrollo tecnológico avancen de la mano de la ética y el respeto, finaliza el experto boliviano.
Bolivia, un “Campo de Práctica” para hackers mundiales
El experto en derecho y datos alertó sobre la extrema vulnerabilidad del país en ciberseguridad, una debilidad que pone en riesgo a ciudadanos y empresas, ya que la falta de una infraestructura robusta de ciberseguridad convirtió al país en un blanco fácil para actores maliciosos a nivel global.
“Bolivia, lamentablemente, es uno de los países en Sudamérica y en el mundo que más recibe ciberataques”, afirmó Muñoz en la entrevista con la Revista OH! La situación es tan crítica, explica, que generó una reputación peligrosa. “Bolivia es considerada tan débil en su nivel de protección en ciberseguridad que los hackers del mundo básicamente practican cómo hackear en Bolivia, porque es como uno de los lugares fáciles donde uno aprende”, añade.
Esta vulnerabilidad se agrava por la ausencia de una ley nacional de protección de datos, lo que deja a los ciudadanos en un “alto riesgo”, indica. Esta situación expone la información personal y también perjudica al país en el comercio internacional, imponiendo barreras para las empresas bolivianas que buscan competir en mercados con altos estándares de seguridad como el europeo, observa.
El poder oculto de los datos
El verdadero peligro de la desprotección de datos es la capacidad de las grandes tecnológicas para manipular a la sociedad, explica el especialista. “Los riesgos son mucho más grandes si consideras los datos de tu ciudad o de tu país”, explica.
Gigantes tecnológicos como Google, Meta (Facebook, WhatsApp) o X (antes Twitter) procesan datos de miles de millones de personas. “Se les tiene que poner muchas reglas porque están en una posición en la que si realmente quisieran sacar ventaja y manipular, digamos, países enteros, lo pueden hacer”, subraya.
Un ejemplo: “Imagina que una empresa pueda saber qué es lo que está pensando Cochabamba o lo que están pensando los bolivianos, qué es lo que quieren, lo que no quieren”. Esta capacidad de análisis predictivo a gran escala es, según Muñoz, el mayor de los riesgos, ya que abre la puerta a influir en la opinión pública y los procesos sociales. Por tanto, concluye que las leyes de protección de datos son una herramienta básica para la privacidad individual y para la estabilidad y soberanía de un país.























