Telecomunicación: ¿es peligrosa la tecnología 5G para la salud?
Hasta la fecha, ya son cuatro poblados donde destruyeron antenas de telecomunicaciones en Santa Cruz y Cochabamba, por creer que eran de tecnología 5G, asociada erróneamente por teorías conspirativas con la transmisión del nuevo coronavirus. Estos temores, sin base científica, se han ido difundiendo cadenas y fake news desde Europa.
En los últimos meses, coincidiendo con la llegada de la Covid-19 y la expansión de la conexión 5G por diversos países, numerosos grupos de aficionados a las teorías conspirativas han estado perpetrando campañas de desinformación que han sido rápidamente contrarrestadas por algunos Gobiernos.
Varios mensajes compartidos en redes sociales dicen que la Unión Europea (UE) ha “confirmado” recientemente que la tecnología 5G es perjudicial para la salud de las personas y el medioambiente. No es cierto: lo que el Consejo de la UE ha hecho es, precisamente, advertir sobre ese tipo de falsedades, y especialmente de los mensajes que afirman que las redes de 5G “suponen una amenaza para la salud o están vinculadas con la Covid-19”.
La ciencia
Las redes 5G no tienen en absoluto que ver con el coronavirus; los virus no se transmiten a través de estas redes, y no hay ninguna prueba científica que haya sido capaz de hallar una correlación entre el 5G y el coronavirus. Es básicamente imposible que pueda contraer coronavirus exponiéndote a redes 5G.
Numerosos estudios y reportes, como el de la IEEE Future Networks, explican por qué las radiofrecuencias de esta clase no son perjudiciales en absoluto para el ser humano. Pese a que las antenas 5G sean más pequeñas y estén situadas en lugares más cercanos a los usuarios, no hay riesgo para las personas.
Según la Comisión Internacional de Protección de Radio no Ionizante, una organización independiente, el nivel máximo de radiofrecuencia al que alguien podría estar expuesto al 5G “es tan pequeño que no se ha observado ningún aumento de temperatura hasta la fecha”. La normativa comunitaria respecto a los niveles de exposición a campos electromagnéticos se basa en una recomendación del Consejo que fija estos límites estrictos en línea con las directrices de la Comisión Internacional de Protección contra la Radiación No Ionizante (Icnirp, por sus siglas en inglés) de 1998. Después de 20 años y tras haber revisado la literatura científica, las nuevas pautas de la Icnirp confirman la idoneidad de los límites actuales para la exposición a campos electromagnéticos, con ligeras adaptaciones a las frecuencias de las redes 5G.
Igualmente, la normativa comunitaria tiene en cuenta las recomendaciones del Comité Científico sobre Salud, Medio Ambiente y Riesgos Emergentes (Scheer), que evalúa los riesgos para la salud que pueden estar asociados con la exposición a campos electromagnéticos.
UNA RADIACIÓN NO IONIZANTE
La tecnología 5G, como se conoce a la quinta generación de redes de telecomunicaciones, pertenece, dentro del espectro radioeléctrico, a las radiaciones “no ionizantes”, similares a las ondas de radio o televisión y cuya menor frecuencia provoca que la energía que transportan no altere los electrones de los materiales con los que contacta o las células del ser humano.
“Los efectos sobre la salud de las ondas de radio se vienen estudiando desde finales del siglo XIX, en particular en las inmediaciones de emisoras de radio y televisión, que emiten con una potencia mucho mayor que el 5G”, explica a EFE el catedrático de Ingeniería Telemática de la Universidad Carlos III de Madrid Arturo Azcorra, director del instituto de investigación Imdea Networks.






















