¿Cómo ha cambiado la rutina de los cochabambinos ante el coronavirus?
COCHABAMBA |
Desde las primeras noticias sobre el coronavirus en la región, los bolivianos han ido cambiando poco a poco su rutina para evitar contagios en medio de dudas y desinformación. Un miércoles, sábado o cualquier otro día ya o es una jornada normal, aún más con las restricciones que dispuso el gobierno central.
Las nuevas medidas han obligado a la gente a levantarse más temprano, realizar con más efectividad sus labores y retornar antes a sus hogares.
Los lugares con gran afluencia en un día común, como La Cancha, la Terminal de Buses y otros centros de abasto, ahora tienen un ambiente diferente. Hay poco movimiento y por ende la venta disminuyó, según los comerciantes. Muchos de ellos “trabajan con el banco”, es decir que tienen deudas por préstamos que sacaron para sus hogares o para hacer crecer sus negocios.
Patricia Zubieta, comerciante del sector San Antonio, señala que aún esperan la respuesta de parte de las autoridades sobre la prórroga que solicitaron por estos días de perjuicio.
Gregorio Vásquez, vendedor de ropa del mercado La Paz dijo que la venta disminuyó desde que empezaron a correr las noticas del Covid-19. “La gente está asustada. Ya no está buscando ropa o zapatos o preocupándose por su vestir, está buscando comida y abarrotes para abastecerse", señaló.
Otro de los sectores que sufrieron cambios son también los transportes interdepartamentales. Hay pocas empresas de buses que ofrecen viajes al interior del país, esto a raíz de las restricciones. El movimiento en la terminal de buses es leve, no es como se solía ver hace algunas semanas.
Lizeth Orosco, trabajadora de la empresa Bolívar, explica que los precios han reducido por la poca afluencia de pasajeros. “Hemos rebajado hasta un 50 por ciento. El buscama estamos vendido a 30 o 40 bolivianos”, indica.
Sin embargo, no en todos han bajado las ventas. Por ejemplo, las frutas más demandadas son los cítricos: naranja, mandarina, pomelo y todas las que cuenten con vitamina C.
Lourdes Zabala, vendedora de La Cancha, comenta que estos productos también incrementaron en costos. Asimismo, admite que las mejores ventas se realizaban en la noche, pero ahora no podrán hacerlo por la restricción. “La gente ya no dice 'rebajame', si quiere se lleva, sino no. Porque también nosotros somos los perjudicados”.
En la ciudad hay cada vez más personas portando barbijos pese a que la Organización Mundial de la Salud recomienda que el uso debe ser solo para quienes tengan síntomas como tos o fiebre.
Delia Camacho, una ama de casa, indica que pusieron nuevas reglas en su hogar: No llegar tarde, estar siempre comunicado, portar un barbijo y alcohol en gel. "Le digo a mis hijos que en la medida que ellos se cuiden también cuidarán al resto de la familia".
Berta Zubieta, una ciudadana, admite que todo el momento tiene que estar con barbijo porque teme que haya personas caminando libremente por las calles e infectando a todo aquel que se lo tope. “Por precaución hemos decidido eso en familia. No falta un irresponsable que porte el virus y esté libremente en las calles contagiando a otros", acota.
En la ciudad también se puede apreciar a conductores con barbijos, es el caso de Martín Ledezma, conductor de la línea 134, lo usa todo el tiempo por temor a que uno de sus pasajeros tenga el virus.
Mariana Sejas, admite que teme acercarse a las personas, incluso el mismo hecho de estornudar frente a otros. “Me ven y se alejan. Alguna vez me reclamaron por no utilizar barbijo. A veces estornudo porque tengo alergia al polvo”.
Marcos Ortiz comenta que ya no se reúne con sus amigos como solía hacerlo después de clases, ni ir al gimnasio, ni otras actividades.
La presidenta Jeanine Áñez ayer indicó que estas restricciones serían hasta el 31 de este mes. Sin embargo, la misma genera aceptación y crítica por parte de los ciudadanos. Lo cierto es que varios de ellos quieren volver a su rutina normal, a ir al cine, al “gym”, viajar, salir libremente por las calles, pero también saben que en esta emergencia nacional queda hacer algunos sacrificios.






























