Los Tiempos: fiel testigo de las empresas que hicieron historia
Un público bien informado es la mejor defensa para la moral y el orden político”, pregonaba don Demetrio Canelas.
El crujido del papel y el aroma de la tinta fresca marcaron, desde mediados del siglo XX, el despertar cotidiano de Cochabamba. En una Bolivia habituada a los sobresaltos políticos y los silencios impuestos, la fundación de Los Tiempos, el 16 de septiembre de 1943, fue más que un acontecimiento editorial: fue un acto de audacia civil.
Don Demetrio Canelas concibió el diario como un instrumento de descentralización y defensa del pensamiento libre frente al centralismo estatal. Para las familias cochabambinas, sus páginas se convirtieron pronto en parte de la vida cotidiana. Leerlas cada mañana, junto al café, pasó a ser un ritual y una manera de conocer el país.
Los Tiempos no solo informaba: educaba, fiscalizaba y contribuía a formar opinión pública. Su rigor llevó sus páginas más allá de Cochabamba, hasta los centros mineros, La Paz y las tierras emergentes del oriente. La fidelidad del diario a sus principios democráticos tuvo un alto costo. El 9 de noviembre de 1953, durante el auge del MNR, turbas armadas afines al régimen asaltaron, saquearon y dinamitaron sus instalaciones. Las linotipias enmudecieron, los archivos fueron vandalizados y los talleres quedaron reducidos a cenizas.
El atentado dejó a Cochabamba sin uno de sus principales cronistas durante casi catorce años y se convirtió en una de las páginas más duras de la historia de la libertad de prensa en Bolivia.
El silencio terminó el 19 de julio de 1967, cuando Los Tiempos volvió a las calles bajo la conducción de don Carlos Canelas. Reconstruyó el diario, incorporó nueva maquinaria de impresión y reorganizó su red de corresponsales.
Las rotativas habían sido destruidas, pero no la vocación de informar. Los Tiempos regresó para continuar registrando la historia, acompañando a Cochabamba y llevando su voz al país.

























