Rousseff y Lula alinean sus fuerzas
Sao Paulo |
La presidenta brasileña Dilma Rousseff y Luiz Inacio Lula da Silva alineaban ayer sus fuerzas y anotaban puntos en “la batalla” para evitar el juicio de destitución de la jefa de Estado y desbloquear el ingreso de su predecesor al Gobierno.
El jefe del gabinete personal de Lula, Jacques Wagner, explicó ayer que esa “batalla” se da en tres frentes: “en el Parlamento, en el campo judicial y (...) en la calle”, ante una opinión pública saturada de escándalos y golpeada por la recesión, con el mayor índice de desempleo (8,2 por ciento en febrero) desde 2009.
La crisis de la principal economía latinoamericana provoca por lo demás una marcada preocupación externa.
“Esperemos que Brasil pueda resolver sus problemas de forma eficaz”, dijo en Buenos Aires el presidente estadounidense, Barack Obama, quien destacó que el gigantesco país de 200 millones de habitantes cuenta “con una democracia madura que le permitirá prosperar y ser el líder que necesitamos”.
Rousseff, de 68 años, y el Partido de los Trabajadores (PT,) denuncian una tentativa de “golpe de Estado” detrás del impeachment (juicio político) que la oposición impulsa en el Congreso contra la mandataria, por presunto maquillaje de las cuentas públicas.
Para frenarlo, la gobernante debe conseguir el apoyo de al menos 172 diputados (más de un tercio), de los 513 de la Cámara. Un objetivo que muchos legisladores de la coalición oficialista ven cada vez más difícil, según medios brasileños.
En caso de no lograrlo, el segundo mandato de Rousseff (2014-2018) podría ser salvado con el rechazo del impeachment por más de la mitad de los 81 escaños del Senado.
Para ello, es indispensable cortejar al centrista PMDB, la mayor fuerza parlamentaria, que el próximo martes 29 debe decidir si permanece en la coalición de gobierno.



























