Laguna Alalay, el desastre y los “culpables”
Si bien la actual gestión municipal debió activar los mecanismos institucionales necesarios para el cuidado de la laguna e impulsar el funcionamiento del Comité de Recuperación de la Laguna Alalay Crempla, tomando recaudos previos mientras se concretiza la licitación de proyectos que debieron ameritar una mayor coordinación y consulta, el cúmulo de graves problemas que aquejan a este espacio fundamental del ecosistema de nuestro valle ha sido generado por la incompetencia, corrupción y negligencia de la gestión del MAS encabezada por exalcalde Edwin Castellanos y su Director de Medio Ambiente Germán Parrilla.
Pese a los recursos asignados, éstos fueron malgastados en aspectos absolutamente superficiales y emergentes de la incapacidad de identificar los problemas centrales, como son el sistema hídrico de ingreso y drenaje de la laguna conectado a la cuenca del río Rocha para el recambio de sus aguas, el ingreso de aguas servidas de las urbanizaciones circundantes y la presencia oportunista y contaminante de clubes deportivos en sus orillas. Este largo proceso que fue denunciado durante los últimos años, se agudiza con el abandono del Crempla, institución que debía hacer cumplir la ley que protege a la laguna, debilitamiento que fue orquestado desde el ejecutivo y concejo municipal de la anterior gestión y que no contó con el suficiente compromiso de los representantes de la universidad y las agrupaciones ambientalistas que deberían representar a la sociedad civil.
Para colmo de males, el Viceministerio y la Gobernación que participan en el Crempla brillaron por su ausencia y socaparon la negligencia ante la laguna para favorecer los intereses de quienes pretenden beneficiarse de sus espacios. Es verdaderamente alarmante cómo la Dirección de los Derechos de la Madre Tierra, dependiente de la Gobernación, ha abandonado la gestión ambiental y no se reconoce a sí misma por lo que establece la ley 1333 del medio ambiente, como “autoridad ambiental del Departamento”, encargada del cumplimiento de la ley y de la fiscalización de los municipios.
De manera absolutamente apresurada y sin contar con los suficientes elementos de juicio, la Gobernación se adelantó a determinar las causas que dieron fin con una gran cantidad de peces, atribuyendo al ingreso de sustancias contaminantes y a la falta de funcionamiento de las bombas de oxigenación adquirida varios años atrás y abandonadas por la anterior gestión municipal, como también a la falta de guardias que vigilen el entorno. Estas afirmaciones demuestran que no se tiene una idea técnica e integralmente sustentada sobre lo que sucede en la laguna. Algunos biólogos sostienen que la disminución de los volúmenes de agua, los niveles de temperatura y el estancamiento de esas aguas por la carencia de un sistema de drenaje han activado la proliferación de algas que se desarrollan en la base de la laguna y que provocan una sustancial disminución de oxígeno para la sobrevivencia de los peces, que en este caso afectaron a la especie más débil.
Lo cierto es que ésta es sin lugar a dudas una responsabilidad colectiva e interinstitucional, que involucra absolutamente a todos los cochabambinos y nos debe llamar seriamente la atención, porque no sólo devela la profunda crisis por la que atraviesan nuestras instituciones, cada vez más debilitadas e incapaces de encarar una gestión ambiental coherente, sino que también devela que nuestro desarrollo, más que el barco a la deriva parece un barco que se hunde, en el que sus tripulantes antes de preocuparse en reparar los daños y enfrentar dificultades, para así señalar un norte, se dedican a echarse la culpa unos a otros pensando que quizá de esa manera suicida e irracional, podrán salvarse.
El autor es comunicador social.
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