Contra el neocolonialismo
En “El amor en tiempos del cólera”, recuerda García Márquez que el río Magdalena era hermoso cuando fluía entre selvas colombianas. Ahora fluye entre tierras agrícolas. No sólo el Magdalena ha cambiado, lo ha hecho buena parte de Sudamérica, al menos en sus tierras tropicales. Bolivia ha cambiado y se desea terminar de destruir al país. Eso se llama desarrollo, que es puro neocolonialismo. Cuando un continente se desarrolla plenamente, se vuelve como Europa. En cambio Estados Unidos es un país geográficamente bien cuidado, con un tercio de sus tierras de propiedad federal para su protección.
Recientemente, el presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski ha tomado una determinación que debe alabarse. Ha rechazado la propuesta de un consorcio chino, para estudiar la factibilidad de la construcción de una ferrovía interoceánica que conecte desde la costa brasileña hasta la peruana, atravesando la Amazonía y la cordillera andina.
El rechazo lo fundamentó Kuczynski en dos aspectos. Primero porque eso significaría la colonización de extensos territorios amazónicos. Inevitablemente se destruirían los bosques y de paso se acabaría con las formas de vida antiguas de las etnias que durante milenios poseyeron esas tierras. El segundo aspecto que consideró Kuczynski es que para colmo de colmos, el proyecto es inviable si se trata de transportar carga desde el Atlántico sur hasta el Pacífico.
El transporte marítimo de carga, desde una costa hasta la otra, es imbatiblemente barato. Embarcar carga en un puerto brasileño y desembarcarla en Lima luego de dar la vuelta por el Cabo de Hornos, es el medio más barato de transporte.
Veamos cifras genéricas. Para transportar una tonelada, un camión requiere de 10 h.p.; un tren requiere de 2,5 h.p.; pero una embarcación que navegue con lentitud, requiere de sólo 0,2 h.p., aunque a menor velocidad, por lo que si se considera la distancia, el consumo de energía no es tan bajo, aunque siga siéndolo. Sólo si se exige velocidad ocurre que el agua frena a la embarcación y pasa a ser menos económica que el ferrocarril.
Las ruedas de tren tienen menos resistencia sobre las rieles que las ruedas de goma de un camión sobre el pavimento. Además, la resistencia del aire al avance de la locomotora es mucho menor que la resistencia que repetitivamente produce el aire sobre los frentes de los camiones. Como las cargas marítimas no tienen apuro, se tiene que a bajas velocidades la resistencia del agua es necesariamente mucho menor.
¿Para qué sirven las carreteras transamazónicas? Para destruir y de paso hacer plata. Eso; dinero. El estudio de factibilidad cuesta plata; la construcción mucho más. Un banco presta el dinero. Muchos bolsillos se benefician. Esos son los verdaderos beneficios del neocolonialismo.
El autor es escritor.
Columnas de BERNARDO ELLEFSEN



















