Castrología
Castro fue un dictador convencido de la importancia de la represión y el miedo para mantenerse en el poder, él resignó a los cubanos a vivir en el estado de asfixia económica y política, sacrificando su libertad en nombre de una sociedad “justa”. La Historia enseña que las dictaduras son siempre un retroceso de los valores democráticos: ¿o un dictador de izquierdas no es un dictador? o ¿Porque sea de izquierda es una dictadura “disculpable”?
La libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político son los principios superiores del ordenamiento jurídico, al vulnerarlos, todo dictador secuestra la libertad de las personas. La libertad es el fundamento de los demás: sin libertad no puede haber justicia, ni igualdad, ni, por supuesto, pluralismo político. Castro, como secuestrador de la libertad, se abrió paso en su propósito “embriagando” al pueblo con ideas utópicas e inalcanzables pero con la dosis de demagogia suficiente para sugestionarlo en el sentido de que dejara en sus manos el manejo de esa facultad de decidir que es la libertad. Pero, las “verdades” ideológicas se pueden difundir, pero no imponer. Está demostrado que los sueños épicos construidos en nombre del marxismo-leninismo, del fascismo o de cualquier ideología, terminan en dramas humanos.
La revolución cubana ¿fue una epopeya o un sueño? ¿Tiene algún sentido coherente y racional que un país pierda 57 años sólo para dar coherencia “revolucionaria antiimperialista” a su ideología? De nada sirvió obsesionarse con EEUU como el “enemigo útil”, como la excusa perfecta para atribuirle sus fracasos, Castro murió siendo testigo de que “el imperio” es cada vez más imperio y de que el pueblo cubano, sujeto y objeto de su “revolución”, está más pobre y desesperanzado.
El producto de su Revolución es la Cuba de hoy: un muestrario de decepciones, de tristes carencias y amarguras, una prisión que oprime a su pueblo, silencia a sus intelectuales y encarcela a sus periodistas; un Estado policial en el que agoniza la oposición y los fugitivos se ahogan en el mar. El futuro de Cuba permanece pues anclado en el pasado, varado en mitad de la nada, la culpa de que el proyecto no haya terminado de cuajar es sólo suya, su intención de crear un hombre nuevo sin vicios ni egoísmos, ha terminado en fracaso.
Sería injusto no valorar significativamente sus logros en educación, salud, deporte y ciencia, pues nadie duda de sus alcances en materia de protección y desarrollo de la niñez y la adolescencia, y las políticas y los programas de acceso a servicios básicos de salud e igualdad de oportunidades. Pero, ante su triste éxito, ante la miseria y el estancamiento, no les queda más que el desmantelamiento de su experimento. La ruina económica y la servidumbre del financiamiento exterior hacen ver el fracaso de su estéril como inútil “lucha” por desvelar a los EEUU. Este apasionado de la sinrazón del crimen ideológico escapó a la justicia, pero el juicio de la Historia no le absolverá. Ése es su legado.
El autor es abogado constitucionalista.
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