Federados o libres son lo mismo
Fuera de toda racionalidad y lógica, los transportistas que asumen casi siempre posiciones disparatadas, como aquello de pedir las medidas de sus cinturones a los dictadores de aquellos viejos tiempos, ahora quieren debatir proyectos de desarrollo, como si de ello entendieran.
Lo que hay que debatir es la calidad de los servicios que prestan a un doble costo que deben subvencionar los sufridos usuarios. La subvención al precio de la gasolina, al gas natural para sus vehículos, no lo paga el Estado como creen en su estrecho criterio, lo pagamos todos nosotros, los bolivianos, vía los impuestos que nos imponen, para finalmente beneficiar en gran medida a los empresarios de transporte de pasajeros dentro y fuera del radio urbano. Con 10 Bs llenan sus tanques de gas, para hacer rentas útiles de 200 o 300 bolivianos por día.
La subvención es por doble partida, bajo amenazas y chantajes, como bloqueos o negarse a salir a trabajar, imponen a capricho suyo las tarifas a cobrar por su trabajo, que los indefensos usuarios deben resignarse a pagar. No hay Concejo Municipal que no se haya doblegado ante los transportistas y acceder a sus demandas, dejando sin opciones a quienes somos usuarios y ciudadanos de a pie. Es que en esas instancias parlamentarias tienen sus representantes, sus concejales o consejeros en las otras modalidades de gobierno.
La subvención es hasta de triple partida, ya que gozan de preferenciales pagos impositivos en las alcaldías municipales, bajo maniqueo y desactualizado rótulo de que se trata de “servicio público”, como si se tratara de un favor que nos hacen a los pasajeros, a nuestra comuna. Lo de servicio público tiene otra connotación, más estatista, lo que debiera revisarse. El Concejo Municipal, amordazado por compromisos políticos con los transportistas, no actúa en consideración del pueblo, casi siempre en provecho de ese sector, como en la aprobación de las últimas tarifas –disimuladas en 1,90– y que en los hechos es de 2 Bs. No devuelven cambio pretextando no tener monedas de cortes de 10 ctvs. Centavo tras centavo se hace capital.
La calidad de servicio que prestan es indeseable, es malísima. A sus eventuales pasajeros se dirigen con torpeza e inadecuado tratamiento. Nada sería eso, sino, hasta ponen en peligro sus vidas. Micros, taxitrufis, taxis y otros vehículos, no pueden remontar algunas cuestas, inclusive los puentes sobre los viaductos. Peligrosamente se deslizan en reversa al perder fuerza sus motorizados, particularmente aquellos que usan gas natural como combustible y que es de uso general en ese gremio.
Ni que decir de los transformados y readecuados micros y taxitrufis a los que han añadido un adicional asiento para tres pasajeros, doblando su capacidad de carga, obligando a viajar apretujados, incómodos, con estrechos espacios para embarcarse o desembarcarse. Contra toda normativa y ante la complaciente e indolente pasividad de autoridades, son los únicos vehículos que pueden llevar tres pasajeros en su asiento delantero junto al conductor, siendo así que por ley y reglamento de tránsito es prohibido esa práctica, siendo lo correcto que viajen el conductor y un acompañante. En los vehículos particulares, esto es una infracción y es multado.
El Gobierno Municipal tiene las facultades y prerrogativas establecidas por ley, para establecer un sistema de transporte que de verdad sea útil y de servicio deseado. Debiera diseñar una política sobre este respecto. Hasta podría licitar la explotación de las diferentes rutas de transporte de pasajeros, bajo condiciones que sean acordes a una ciudad como la nuestra y con calidad. Sacar de circulación a viejos motorizados, como se lo hace en otras capitales como Lima, Perú, donde se ha dado plazo de dos años para renovar toda la flota de transporte de pasajeros cuyos vehículos corresponden a modelos de hace diez años.
El autor es periodista.
Columnas de JAIME D’MARE C.




















