Contaminación acústica
Entre los muchos temas que ya han sido aceptados como parte fundamental de la lista de tareas pendientes que la población cochabambina tiene consigo misma, figura el de la contaminación acústica. En efecto, cada vez con mayor frecuencia e intensidad se oyen voces que llaman la atención sobre el efecto devastador que la abundancia de ruido ocasiona sobre la calidad de la vida cotidiana.
Como en otros temas, esa inquietud de la ciudadanía ha tenido algún eco entre las autoridades municipales, pues entre los muchos problemas que trae consigo el crecimiento de nuestra ciudad, con la consiguiente multiplicación de vehículos y las más diversas actividades económicas, sociales y culturales en las calles y avenidas, está el relativo a la contaminación acústica. Es un problema creciente y que, al ritmo actual, amenaza con convertirse en uno más de los muchos factores que confabulan contra la calidad de vida de las personas.
Lamentablemente, en este como en otros casos se pone en evidencia la distancia que media entre las buenas intenciones y las acciones. Es que a pesar de que nuestra ciudad ya cuenta con una Ordenanza Municipal, la 2228, mediante la que se pretende poner límites a las principales fuentes de ruido, en los hechos es muy poco lo que se hace para su aplicación. Así lo demuestra la impunidad con que día y noche suenan alarmas de autos contra robos, amplificadores de automóviles, roncadores de escapes, petardos, entre muchos otros ruidos que contribuyen a que la vida urbana sea cada vez más insufrible.
Columnas de MIRADOR URBANO


















