Luto bailable
Así, y solo así, se puede explicar que sea poseedor de ingentes recursos naturales distribuidos en un territorio variopinto pero no haya podido alcanzar un grado de desarrollo por lo menos intermedio.
Una de las causas para el retraso parece ser la exagerada tendencia al consumo de bebidas alcohólicas. En las crónicas coloniales, incluso de autores indígenas como el inca Garcilaso de la Vega y Felipe Guamán Poma de Ayala, se habla, incluso abundantemente, de la inclinación que tenían los pueblos prehispánicos a la chicha.
La ingesta de chicha estaba vinculada a celebraciones públicas, el culto a los muertos y a las divinidades. Se llegó a tal extremo que la embriaguez pública fue considerada delito y se castigaba con la muerte.
Tras la llegada de los españoles y la sustitución de cultos, el consumo de bebidas embriagantes se trasladó a las fiestas en honor a Jesús, la Virgen María y los santos. Así llegó, también, al Carnaval de Oruro que, actualmente, está teóricamente dedicado a la advocación mariana de la Virgen de la Candelaria que, por la ubicación de su santuario y la leyenda colonial que la rodea, es más conocida como Virgen del Socavón.
Allí, en Oruro, a una cuadra de la ruta del carnaval, ocurrió una tragedia de dimensiones inconmensurables. La explosión de una garrafa causó la muerte de ocho personas y heridas en decenas.
El drama conmovió al país y fue el preludio de una explosión posterior. En naciones en las que existe auténtico respeto por la vida humana, semejante tragedia habría ameritado la suspensión del carnaval, por lo menos en la ciudad donde ocurrió el hecho, pero no en Bolivia. Lo que, en mi criterio, resumió la reacción popular fue la declaración de uno de los integrantes de las fraternidades folklóricas del carnaval que, tras conocer la noticia, dijo que él y los demás danzantes estaban “bailando con luto en el corazón”.
Otro de los pretextos para seguir bailando fue que la tragedia no había ocurrido en el carnaval. No se tomó en cuenta que fue a solo una cuadra de la ruta y, aunque hubiese sido ahí mismo, el festejo tampoco se hubiera suspendido. Recuérdese que, hace poco, la caída de una pasarela sobre una banda causó la muerte de un músico pero el carnaval siguió hasta el final, prácticamente inconmovible.
Existen conductas que no cambiarán porque tienen antecedentes históricos, prácticamente genéticos, y uno de ellos es el festejo por los carnavales. Lo censurable es que, así y todo, todavía digamos que sentimos la muerte de personas pero sigamos bailando.
El autor es periodista, Premio Nacional en Historia del Periodismo.
Columnas de JUAN JOSÉ TORO MONTOYA

















