¿Democracia interna o autoritarismo?
Las seis Federaciones del Trópico de Cochabamba decidieron de manera orgánica no permitir campañas proselitistas de la oposición en esa zona, fue lo que advirtió a un medio de comunicación Gualberto Arispe, Secretario de Comunicación del Movimiento al Socialismo (MAS). Recordemos que en Sinahota se produjo un hecho lamentable, cuando un grupo de afines al MAS agredió a un punto de inscripción del FRI de Carlos Mesa, es más, decidieron expulsar de sus filas a dos transportistas por inscribirse a este partido.
Entender una decisión democráticamente orgánica es concebir la idea de una acción colectiva que está más allá de una acción individual, que de acuerdo a sus principios, a sus normas y mecanismos de votación, las organizaciones sociales como sujeto colectivo toman decisiones democráticas, donde el sujeto individual debe de someterse a la organización al cual pertenece.
No obstante, la libertad de expresión es un derecho inalienable, inconmensurable, intrínseco al sujeto individual que debiera gozar de todas las garantías que ofrece un Estado de derecho. La disensión y la diferencia son parte de la democracia, como la libre organización donde deciden acatar decisiones colectivas. Entonces, ¿cómo salir de esta disyuntiva entre el sujeto individual y el colectivo?, ¿por qué parece que lo colectivo se antepone a lo individual?
Las respuestas es más sencilla que la complejidad de esas preguntas y es, que la democracia va más allá de esta dualidad, o fatalidad, a la que intencionalmente se llegó. En realidad, nada se antepone a nada, ni lo uno ni lo otro. Lo que se antepone es el respeto y la tolerancia que son la esencia (el alma) de la democracia. El pensamiento nace singular, nadie puede leer el pensamiento de otro, sí interpretarlo cuando sale a flote, pero más allá no se sabe.
El sujeto colectivo, que evidentemente ha creado mecanismos de democracia interna, porque los miembros de la organización decidieron renunciar a su interés individual por el bien común, no debe ser argumento para someter, agredir, impedir al sujeto individual de expresarse y desplazarse libremente como lo ocurrido en Sinahota.
A la vez, no se puede territorializar o uniformar el pensamiento, más aún en épocas de campañas proselitistas. Pretender que todos del lugar son azules es una locura, la disensión siempre estará presente y el Estado, por una cuestión de derecho, tiene la obligación de garantizar la libertad de expresión, el pluralismo político. De lo contrario estamos ante la impostura, la agresión, el autoritarismo de las mayorías sobre las minorías. “Respetos guardan respetos”, suena romántico, pero es por lo que tanto luchamos.
El autor es politólogo y comunicador social
Columnas de HUMBER VELASQUEZ TORRICO



















