El inicio de un año difícil
No hace falta tener una bola de cristal, saber leer en coca o poseer facultades adivinatorias para afirmar que 2019 será un año complicado.
Es un año electoral y eso es suficiente para augurar confrontación entre las fuerzas que buscan llegar al poder. En el caso de Bolivia, la pugna de intereses será entre quienes pretenden hacerse del poder y quienes pelean para quedarse en él.
En ese marco, tenemos un partido, el Movimiento Al Socialismo (MAS) cuyo principal interés es reelegir a Evo Morales, y ha actuado en consecuencia. No ocultó sus intenciones y lo menos que podemos hacer es reconocer que fue honesto en ese punto. El problema es que su afán reeleccionista ha pasado y está pasando por encima de las leyes y eso es lo que preocupa desde el punto de vista institucional.
No importa cuántos argumentos utilice, que muestre a un país que progresa y un régimen eficiente –planteamientos que son cuestionables–, el problema de fondo en Bolivia es que el intento reeleccionista de Evo Morales vulnera la Constitución y punto. Cualquier otra discusión al respecto es inútil, aunque esté orlada de discursos sobre una Bolivia en crecimiento.
Como el partido en función de gobierno intentará reelegirse, es obvio que la oposición le saldrá al frente así como importantes segmentos de la sociedad civil, como ha ido ocurriendo en los últimos meses. Eso significa confrontación.
Pero sería injusto cargar todo el peso de la responsabilidad por la confrontación que se viene al oficialismo porque la oposición también tiene su cuota parte.
Para empezar, tenemos una oposición tan escuálida que fue incapaz de frenar el avasallamiento del Estado al extremo de que ahora todo le pertenece el MAS, incluidos los cuatro órganos o poderes, y eso significa que llegamos a una situación de autoritarismo que no sólo debió evitarse en las calles o en las redes sociales sino, fundamentalmente, en las asambleas y en los concejos municipales.
La oposición fue incapaz de defender al Estado porque, en lugar de pensar en estrategias para evitar el avasallamiento oficialista y anticiparse a sus movimientos, estuvo distraída en disputas internas; es decir, la correlación de fuerzas de órganos de confrontación política como son, precisamente, las asambleas y concejos municipales.
Este 2019, entonces, tendremos a un gobierno empeñado en reelegirse y que ya ha tomado ventaja en su afán de hacerlo, y una oposición débil, desorientada y fragmentada en un torpe intento de evitarlo. Expuestas así las cosas, parecería que la elección presidencial de este año ya está resuelta pero en política nunca está dicha la última palabra… cualquier cosa puede suceder.






















