Misiones de Moxos y Chiquitos, construyendo el imaginario colectivo (14 y último)
En toda América siempre hubo indígenas, pero no hay Chiquitos en todo el continente. En toda América llegaron los europeos y españoles… pero no hay Chiquitos producto de esa combinación. En muchos lugares de América, además de los actores anteriores, hubo jesuitas, pero no hay Chiquitos en todos los lugares en los que estuvo la orden. ¿Qué ocurrió en la tierra colorada que de esa combinación humana, se produjo la construcción cultural tan extraordinaria que hoy admiramos?
En este espacio, la gente se apropió de la cultura universal, se adueñó de la fe, de las partituras, de los violines, del tallado, de la pintura, y los guardó celosamente después que expulsaron a los padrecitos, para hoy entregarlas al mundo. Hasta el nombre –poesía que identificó en el centro del continente al País de los Indios Chiquitos–, adquirió una identidad cultural expresada en la invención de ciudades, en energía humana, melodías, randas, angelitos tallados, catedrales monumentales en medio de la selva, y conciertos de música renacentista y barroca compuesta por ellos mismo, Zipoli y los otros músicos de la historia.
En esta serie hemos recorrido Chiquitos y la Moxitania en el contexto de la realidad de América Latina y Bolivia reconociendo a su gente, identificando las condiciones para el desarrollo territorial y la manera cómo, con la población que lo habita, ha logrado trascender del pasado para convertirse en Cultura Viva en pleno siglo XXI.
Hemos comprobado que existen muchas claves que fortalecen hoy esa construcción, siendo la primera la cultura de pueblos que creen y viven de la manera que lo construyeron, aprendieron y lo transmiten. Existen políticas públicas que reconocen y administran el territorio y superan las distancias con autoridades locales que gestionan la cultura y la alientan con actores públicos y privados. Esta es una diferencia radical con relación a los otros países misioneros del continente que son administrados desde los ministerios centrales; aquí, la autoridad empieza en el territorio.
Otra clave es el turismo en sus manifestaciones religiosas (jesuítico– franciscana) y su especificidad chiquitana, acompañado de sostenibilidad, aventura, naturaleza, cultura, historia, arte, comunidad y vivencias. El turismo ya es política pública en los gobiernos municipales que lo integran, en la mancomunidad de municipios que se convierte en eje articulador del territorio al enlazar el nivel departamental con los órganos nacionales. Ahora se trata de construir también, una agenda de trabajo que termine de posicionar el territorio internacionalmente, desarrollar sus capacidades para los vivientes orgullosos y dignos, y para compartirlo con visitantes ávidos de experiencias humanas.
Hemos comprobado cómo las visiones históricas van abriendo rutas que ayudan a pasar “del descubrimiento al des-encubrimiento como el camino hacia un desagravio histórico” como lo plantea Enrique Dussel, y que Rodolfo Puiggrós en “La España que conquistó el Nuevo Mundo”, y las investigaciones de Antonio Zurita Contreras sobre la cultura y las riquezas que aportó el nuevo continente, nos ayudan a ampliar nuestras visiones.
Chiquitos, otro Mundo, dice la marca que lo identifica. Y resulta cierto al comprobarlo cuando el espacio está muy lejos de ser un museo, una reserva natural, un parque, una escuela, un taller, un observatorio, un orquidiario, un repositorio, un laboratorio gastronómico, un conservatorio, un centro de conciertos, una suma de voluntades, hombres y mujeres que sumaron su creatividad… y sin embargo, incorpora todo eso.
Chiquitos es nuestra más limpia, vigorosa, sonora y mejor construcción. Podemos estar orgullosos de ello.
Columnas de CARLOS HUGO MOLINA
















