Trío de mascaritas de Carnaval
Llovió toda la noche y el Jueves de Comadres amaneció lloviznando. Sobrevinieron riadas y mazamorras en lotes de terrenos protegidos y peligrosos, comprados a precio de gallina muerta, donde “pobrecillos” construyeron mansiones y ahora lloraban por ayuda estatal.
No sería óbice para que los compadres alistaran una zafra anual de desinhibidas féminas que ese día soltarán penas, y varones que aprovecharán los impulsos enardecidos por la música y el trago.
En días siguientes, los universitarios usarán parques para ensayar danzas folklóricas antes del Corso de Corsos. Los militares de rango intermedio pulirán rutinas de reclutas disfrazados de mujer para algún desfile, en vez de prepararles para la muerte en batalla, que de eso trata la formación castrense.
Abuelito tristón que soy, miraré afanes de mi hija para buscar disfraz para mi nieto. Añoraré tiempos de calentar motores con mis amigotes antes de ir de caza a montes venusianos ignotos.
Revisé noticias a la rápida. Remaché un criterio que hace semanas revolotea en mi mente, como mariposa que encuentra miel en humilde zinnia. Los políticos, divididos como nunca, aventuran los discursos de siempre para obnubilar a gentes obtusas.
Una de dos: o los politicastros de oposición al MAS tienen miedo de Evo Morales, o no quieren hurgar metidas de pata o manos a la lata, del autócrata prorroguista y fraudulento candidato. ¿Será que todo el gremio comparte un corrupto común denominador?
No sé si por testarudo, por idealista (o por cojudo), desde 2001 escribo sobre la inestabilidad de la ingobernable Bolivia. Entonces era fogata de Evo Morales, quizá atizada por petrodólares venezolanos, ideología castrista y “soplada” por designios del Foro de Sao Paulo, que le permitió urdir la treta de inestabilizar al más rancio estilo de la Técnica del golpe de Estado, libro de 1931 en que Curzio Malaparte criticaba a Hitler. Ojalá mi visión de Evo me exilie a la isla de Lipari, como escritor al italiano.
Llegado al poder, Evo Morales apenas fraguaba la interculturalidad en una Bolivia mestiza. La juntucha de los llamados “movimientos sociales” y el partido de gobierno impusieron una ensalada divisionista de “blancoides” por un lado, e “indígena-originario-campesino”, por otro.
Atisbaba su divide et impera. Lo plurinacional dividió el país en treinta y tantas nacionalidades que ocultaban la aviesa y ridícula, meta de aymarizar Bolivia.
Dividir para favorecer la aymarización era el objetivo. Hasta crearon una nueva categoría sociológica: los “quechuaymara” La pluriculturalidad boliviana se cambió a un “aymarizar” en mascarita de inexistente “plurinación”. Es, pues, la mentira inicial a desbaratar.
Cobijado por el lema ¡ahora nos toca!, se disfrazó una ratería corrupta como nunca se había visto (que podridos, había antes), aprovechando un periodo de bonanza de ingresos por precios altos de hidrocarburos y de minerales.
Esos 15.000 millones de dólares que ingresaron como recursos internacionales netos daban la ilusión de ser ricos para siempre. El gas natural haría de Bolivia la potencia energética del continente. Como esa Arabia Saudita de beduinos que, a pesar de T. E. Lawrence, —Lawrence of Arabia— fueran engañados por Francia y Gran Bretaña, hasta que de la noche a la mañana se volvieron multimillonarios con su petróleo. En Bolivia sería regida por una aristocracia política “indígena-originaria”. Coincidió la caída del régimen con el despilfarro casi total de esos recursos. La corrupción quizá es otro tema que hay que minar.
Hay tanto excremento que tendré que escoger mediante el modo infantil de “en el lago Titicaca, me dio ganas de hacer caca, no tenía papelito y me limpié con mi dedito: ta, te, ti, to tú, para que las tengas tú”. Con esa técnica, ni hablar de uno que también es coprológico: la venalidad en la administración de la politizada justicia, ¿o la judicialización de la política?
Hay muchos casos en Evo Morales para desenmascarar las tres mascaritas. Sobre la una, bastaría el sesgo a favor de los cocaleros en el Tipnis o de adeptos en el incendio provocado de la Chiquitanía. La otra tiene tantos ejemplos que ni hace falta puntualizar: desde los “timbres de aceleración” en trámites, hasta la repartija de porcentajes de “coimisiones” de los emails todavía sin identificar, que cobran a contratistas de carreteras. La tercera solo requiere una pregunta para ilustrarla: ¿por qué unos sufrieron añadas viendo el cielo a cuadritos, y otros ni fueron a chirona, o están en celdas de cinco estrellas?
Hay más temas cargados en mi carnavalero “marico”, que en camba era la bolsita en bandolera donde cargábamos harina y perfume, y hoy quizá globos de agua. ¿Será que prima el miedo a Evo Morales, o asoma el solidario, y corrupto, espíritu de cuerpo del gremio político?
El autor es antropólogo
win1943@gmail.com
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