¡Reguemos Cochabamba, ya nomás!
Se dio accidentalmente. La tubería que desde la hidroeléctrica Misicuni lleva agua a la planta de tratamiento de agua de SEMAPA, en Cala Cala, se rompió en el cruce con el río Taquiña, debajo del puente de la avenida Circunvalación, y durante mucho tiempo vertió agua al río, hasta fines de julio.
La población aguas abajo no se explicaba qué había sucedido, puesto que en el pasado, para abril ya se terminaba la corriente de agua. Los campesinos propietarios de terrenos derivan esas aguas mediante ancestrales y precarios canales de riego (acequias) para regar gran cantidad de terrenos agrícolas que todavía existen en Cochabamba. Acequias mediante las cuales, el valle de Cochabamba fue regado y cultivado desde épocas inmemoriales y que le valió durante la república el título de Granero de Bolivia. Esta situación es similar para los muchos cursos de agua existentes, que bajan de la cordillera del Tunari.
Se tiene agua en el embalse Misicuni que no se puede utilizar a plenitud, porque la operación de la hidroeléctrica Misicuni está restringida, pues, el Gobierno del “proceso de cambio” no quiso construir los canales de riego ni amplió las redes de distribución de agua potable que son partes integrantes del proyecto múltiple Misicuni (energía eléctrica, agua potable y riego), todo eso, a pesar del discurso demagógico que decía que trabajaba para los más necesitados. Prefirieron el tren metropolitano porque es el espectáculo que le gustaba al jefazo y, además, 500 millones de dólares dan para muchas cosas en el camino.
Consumir más agua desde Misicuni significa mejorar la operación de la hidroeléctrica, permitiendo, en el sistema eléctrico interconectado de Bolivia, ahorrar el gas que actualmente se quema en las termoeléctricas, para utilizarlo en mejores usos. No utilizar las aguas del embalse podría llevar al absurdo mayúsculo de que, en la próxima temporada de lluvias, se llene hasta el rebalse que vertería agua hacia el Chapare, mientras Cochabamba muere de sed. Dios nos libre de semejante extremo, que constituiría una afrenta imperdonable a la inteligencia de los cochabambinos.
En las actuales circunstancias no se puede generar más energía porque el rebalse hacia el río Chijllahuiri causaría daños de erosión a sus riberas, pues no se canalizó el curso como debió hacerse oportunamente.
En resumen, con carácter de urgencia hay que consumir más agua de Misicuni y la única forma, en este momento y circunstancias actuales, es verter agua hacia los riachuelos del valle central e incluso a los del valle de Sacaba utilizando los ductos de aducción de SEMAPA y de EMAPAS.
Lo expuesto hace ver que se podrían verter de manera inmediata a los numerosos ríos, riachuelos, quebradas o torrenteras (como se quiera llamar) caudales controlados destinados a riego, desde donde y mediante la red de acequias existentes regarían las tierras agrícolas sedientas de Cochabamba a lo largo de los aproximadamente 24 kilómetros del trayecto de las tuberías, entre la hidroeléctrica Misicuni, Cala Cala y Sacaba. Seguramente, los burócratas de este país-tranca elevarán el grito al cielo con variedad de argumentos: las tuberías son de SEMAPA y EMAPAS, la legislación no lo permite, el agua es tratada, cómo se medirán los caudales, no hay válvulas previstas en los cruces con los cursos de agua, etc., etc. Típico de la mentalidad inepta, que no tiene valor para resolver, ni buena voluntad para ayudarnos mutuamente.
Al margen del riego, esos caudales devolverían a los cursos de agua, la frescura y verdor que poseyeron en el pasado y que eran la belleza de Cochabamba, que gozaba de agua en sus ríos prácticamente todo el año. Aguas que la urbanización acaparó dejando desértica a la campiña.
A pesar de la labor destructiva del gobierno de los 14 años, en cuestión de pocos días se podría brindar riego a las tierras secas que no tienen agua de riego, precisamente en este momento que está próximo al inicio de la primavera, época de labranza de la tierra, siembra y cultivo. La actual situación provoca que los agricultores emigren hacia el comercio callejero o hacia el Chapare a la infame actividad de la coca.
Si no se quiso construir los canales de riego del Proyecto Múltiple, reguemos las tierras mediante las acequias existentes y la Madre Tierra nos devolverá beneficios con más productos para la alimentación e ingresos para los campesinos que actualmente no logran producir por falta de agua. Y también habrá verdor en nuestro entorno.
En el futuro, en el caso que el embalse de La Angostura estuviera con baja reserva de agua, se podría verter agua de Misicuni en el canal de riego de ese sistema y así ampliar el alcance del riego desde el Proyecto Múltiple, permitiendo además una mejor operación de la hidroeléctrica.
Es una acción pequeña y modesta, pero qué maravillosa lección daríamos a los políticos corruptos e ineptos que no tuvieron la visión y la bondad de administrar bien nuestras potencialidades, resolviendo entre nosotros lo que los poderosos no quisieron hacer.
Como no es posible abstenerse de la interpretación política de los acontecimientos, es necesario cuestionarse acerca de la razón por la que el Gobierno del MAS no ejecutó los componentes de agua potable y riego, si son claramente beneficiosos para los sectores sociales más necesitados. En realidad, el “proceso de cambio” solamente se ocupó de ejecutar proyectos absurdos, millonarios y que no tuvieran éxito, para así empobrecer a Bolivia y apropiarse del poder, ad eternum, como se está haciendo en Venezuela bajo la batuta cubana. Esta es la estrategia del comunismo que nos explicaría por qué no se completó el proyecto múltiple Misicuni que hubiera producido bienestar para la población más necesitada de la región.
Veamos la realidad actual: campos secos improductivos, población rural que migra por falta de agua para cultivar, gran sector de la población sin agua potable por red, pagando a cisternas un precio muchas veces más elevado y Cochabamba con una gran cantidad de agua en el embalse Misicuni a la que hay que dar uso inmediato y con el riesgo de echar el agua de Misicuni hacia el Chapare en la próxima temporada de lluvias. Aterrador.
Cochabambinos: ¿Vamos a permitir que nuestro proyecto y obra emblemáticos se conviertan en monumento al absurdo?
El autor es ingeniero electricista
Columnas de GONZALO NAPOLEÓN SOTO MEDRANO





















