Amenazas para la democracia
Recibí un artículo desde el condado de Orange en el sur de California. Es una región de ricos; nunca olvidare el brunch –desayuno y almuerzo juntos– de champán francés y huevos a la Benedict (que nada de monje benedictino tenían) a la vera de una piscina adyacente –sin muro de Trump al medio– a una plantación de naranjos en la residencia de un exitoso abogado casado con mi bella cuñada.
Mi amigo quizá pretendía equilibrar mis críticas al ególatra mandatario estadounidense, aunque aclaro que como “opiniólogo”, el sesgo de mi política está divorciado de la amistad. Tal vez mis elucubraciones sonarían más si versaran sobre parecido y diferencias de los devaneos sexuales de Donald Trump y Evo Morales. Pero hay algo similar en ambos demagogos: sus actuaciones politiqueras atentan contra la democracia de sus países.
Es probable que las veleidades presidenciales sean efectivo material en un país donde reinan los reality shows y los escandaletes televisivos. Es más jugosa la pepa que la de escribir sobre desempleo o politiquería acerca de su servicio postal.
Recuerden los millonarios “talegazos” del uno a sus vaginas de alquiler que, apoyados por abogados hacen firmar desistimientos de revelaciones o cobranzas futuras, no siempre cumplidos. ¿Qué dirá la esposa?, porque a nadie embellece la cornamenta, salvo a ciervos y renos. Su alocución en la Convención Trumpiana, digo Republicana, fue un sensato desapego a las sandeces del marido: nada de besitos en la boca. Con razón la religiosidad estadounidense disminuye en el país de “una nación bajo Dios” que pregonan sus dólares.
Es innegable que pesan más sus demagógicos amagues contra la democracia estadounidense que sus caros cohetillos sexuales. Sembrar la duda antes de las elecciones sobre el voto por correo, siendo que el sufragio postal es de larga data. El desempleo de millones es real. Ni siquiera se detallan su incompetencia para enfrentar la pandemia del coronavirus. Sus chambonadas se entreveran con las 20.000 mentiras y verdades a medias que se le atribuyen.
Las numerosas “queridas” del otro, casi siempre menores de edad: ¿acaso no es un rasgo machista admirado por muchos bolivianos?, ¿acaso no citamos que “a gato viejo, ratón tierno”? La última hipocresía del pedófilo de Orinoca fue exhortar a que no mezclen a sus “compañeras” de cama con la política. Pero la glosa de la mocosa obnubilada en un carnaval; sus hijos sospechados o confirmados fuera del matrimonio; la “suegrita” que llegó a ministra; la decena de relaciones con menores de edad; ¡que Jorge Amado y su Gabriela, Clavo y Canela!; mejor serían los zapatitos sin taco que la Zapata usaría cuando empezaron sus rentables revolcones.
Me late que frases como “perforadoras o perforadas” de su dominio de asuntos petroleros, su destreza de mejoras urbanas en su “cuando voy a los pueblos, sus mujeres quedan todas embarazadas y en sus barrigas dice Evo Cumple” enriquecerán alguna colección de “evadas”. Tal vez darían para una versión andina de cuentos bajo las sábanas, más aún si el rijoso es un expresidente de Bolivia y “guía espiritual de la Humanidad”. Si no fuera del grupo de riesgo de la Covid-19, yo mismo escribiría una colección boliviana del Decamerón. Sabio fue el estadista nacional que decía que el poder es poderoso afrodisíaco, así aflojara el “hilo dental” de rabia, no lascivia ambiciosa, de alguna “perforada” del Me Too.
Las ocurrencias de un ignorante mandatario se tornaron amenazadoras para una democracia bisoña e imperfecta como la de Bolivia. Debe haber estado flatulento con ravioles argentinos cuando ordenó ‘la madre de todas las batallas’: paro general indefinido y bloqueos carreteros que privaron de oxígeno a enfermos de hospitales y flujo de alimentos a las ciudades.
Las acusaciones de trata y tráfico de menores de edad, violación y estupro fueron retrucadas, por los sediciosos, con demandas de revocar la postergación de la fecha de las elecciones, así se contagiaran los votantes; atrevido clamor de renuncia de la presidenta Añez; e inescrutables (como la tierra avara) respingos de respeto (¿?) a la wiphala. A su vez, el “Comandante de bloqueos” añadió que se bloquee la privatización de la educación, la clausura del año escolar e instruyó impedir la profesión libre de los maestros y el apedreamiento de Branko Marinkovic.
Evo Morales, jefe de campaña del MAS con ocho procesos judiciales en su contra, ahora tiene “comandante de bloqueos”. ¡Cuidado!, porque el Mallku quizá admira a Aníbal, el cartaginés que cruzó los Alpes con sus elefantes; en este caso, él cruzaría los Andes con su recua de llamas para liquidar Bolivia. De seguro será Apu Cóndor en la republiqueta aymara de las cinco provincias altiplánicas con capital en Achacachi.
El autor es antropólogo, win1943@gmail.com
Columnas de WINSTON ESTREMADOIRO

















