Como cuando perdimos 8 a 0
Ese año fue fantástico. Tras haber derribado a gigantes como Palmeiras, Peñarol, el Atlético Tucumán y el Atlético Mineiro, Wilstermann era la sorpresa de la Copa Libertadores 2017, y todos los cochabambinos estábamos felices de que por fin un equipo boliviano hiciera tan respetable papel.
La ilusión se nos subió al cielo cuando aquel 14 de septiembre, el rojo demolía en el Capriles por 3 a 0 a un nuevo gigante: el River Plate.
Estábamos felices. A un paso de llegar a semifinales. Nunca antes en el nuevo sistema, Wilster había logrado esa proeza. Pero qué pasó. El sopetón.
Lo impensable: perdimos 8 a 0. No podíamos creerlo. ¿Qué pasó? Gritamos fraude, aquí pasó algo, es imposible, alguien se vendió, culpamos al árbitro, acusamos al rival de haber comprado el partido, nos estrellamos contra el dirigente al que vimos reunirse con su similar de River Plate. Hicimos un chillerío del demonio, y poco nos faltó para salir a las calles a bloquear gritando fraude. Pero nunca pudimos probar nada.
Tuvo que pasar tiempo para hacer nuestra autocrítica y admitir que se trataba de otro partido distinto al jugado en la ida, que nos confiamos demasiado, que no supimos jugar en equipo, que cada uno se fue por su lado tratando de hacer su golcito, pero sin pasar el cuarto de cancha, que no atacamos en campo contrario, que nuestro capitán tampoco había armado una buena estrategia y esperaba que los goles cayeran por el peso de la gravedad. En síntesis, que no estuvimos a la altura de las circunstancias y nos eliminaron.
Tres años después nos encontramos en elecciones. Después de derrotar al MAS volvíamos a las urnas a mantener el resultado y pasar a siguiente ronda. Pero el MAS logró un contundente 55% con la consecuente victoria en primera vuelta, y todos gritamos fraude. No podía ser. Salimos a las calles a bloquear y… ¿Cómo sigue la historia?
El autor es periodista
Columnas de LUIS FERNANDO AVENDAÑO


















