Vivir sin violencia
El 25 de noviembre se recordó el día internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en memoria de las hermanas Mirabal, tres activistas políticas de República Dominicana asesinadas en 1960 en el régimen de Rafael Trujillo.
Sin duda, es una fecha que lleva a reflexionar sobre los alcances de la lucha contra este flagelo. Nuestro país detenta una de las tasas más altas de feminicidios en la región. En lo que va del año y con pandemia de por medio, se tiene la cifra de 102 feminicidios. Cada uno deja un entorno, una familia, hijos e hijas, victimas invisibles del feminicidio.
La violencia contra las mujeres es estructural e histórica, ha existido antes de la colonia y se la ejerce en distintos espacios: la calle, el trabajo, la universidad, la iglesia y el entorno íntimo del hogar. Según una encuesta de prevalencia realizada por el INE, 9 de cada 10 mujeres ha sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida.
Cada día, ocho niñas son violadas y cada tres días una mujer es asesinada por el hecho de ser mujer. Paradójicamente a estos datos, Bolivia es uno de los países de la región con mayores avances legislativos en esta materia, sin embargo, hace falta fortalecer las instituciones encargadas por ley a las tareas de prevención, sanción y erradicación de la violencia.
En el año 2013 se promulga la ley 348, Ley Integral para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia, donde se incrementan las penas y se tipifica por primera vez el feminicidio. La Ley tiene cuatro ejes: prevención, atención, reparación y sanción.
En el espíritu de la Ley, la prevención es fundamental para mitigar la violencia, desde distintas instancias: gobierno, sociedad civil, organizaciones de mujeres, medios de comunicación, además de ser intersectorial involucrando a varios sectores: justicia, trabajo, comunicación, educación, salud, las dos últimas fundamentales para la prevención de la violencia.
La violencia contra la mujer es un problema de salud pública que afecta negativamente la salud física, mental sexual y reproductiva de las mujeres. Se requiere, por tanto, programas de prevención basados en el cambio de creencias y roles. Programas de reeducación para mujeres víctimas. Se requiere que se desmitifique la normalidad del miedo, las mujeres tienen derecho a saber que sentir miedo no es normal, que la violencia en ninguna de sus formas puede convivir con ellas. Las niñas y mujeres deben interiorizar que un derecho humano fundamental, es vivir una vida libre de violencia.
La autora es comunicadora social y docente universitaria






















