En Ecuador: guerra anunciada que mata soldados
Meses antes, Leónidas Iza, presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), había anunciado el paro que aún mantiene. Sólo la palabra paro tensiona el cuerpo y la voz, en especial de los quiteños. Y no sin razón: la capital en 2019 resintió la violencia de marchas y protestas. Edificios incendiados, calles huecas por el robo de adoquines, aceras desportilladas, árboles cortados, asfalto destruido por el fuego de las llantas de goma encendidas durante días.
Ese mismo año la región de Cotopaxi, productiva de flores, vegetales y madera, quedó paralizada y los embarques de rosas y brócolis para la exportación jamás llegaron a destino. La historia se repite desde el lunes 13 de junio. Los camiones de flores son retenidos por los grupos de indígenas organizados, la carga es revisada y si son flores viene la orden: “Ponchen las llantas”. Miles de miles de rosas, las más preciadas del mundo, terminarán pudriéndose en sus cajas. Y en las fincas, las rosas que ya no podrán ser vendidas se cortan, se trituran y echan a la basura junto a las esperanzas de esos productores que suelen generar empleos que han mantenido a las zonas florícolas con cifras de alta empleabilidad e incluso algunos municipios con empleo pleno.
Pocas veces una guerra anunciada sí ha matado soldados. Ésta es una de ellas. Y aunque no hay muertos el paro ha tomado al Gobierno y a las élites con las defensas bajas. Por su parte, el movimiento indígena con una representación importante en la Asamblea, alcanzada por primera vez en la última década y media, ha conseguido unificarse y encontrar un norte común. Antes de las movilizaciones, el movimiento indígena se hallaba con resquebrajamientos importantes. La medida de hecho, así como la encarcelación —por unas horas— de Iza, su líder, ha conseguido la unificación desde el espíritu de cuerpo y la clarificación de una causa resumida en el alza de precios de la canasta básica.
Aunque los 10 puntos demandados no eran conocidos por todos los manifestantes, existe un pedido simbólico que los unifica y si bien no termina de ser expresado, está instalado en el imaginario indígena: la exclusión y la explotación en términos de la antigua lucha de clases.
La negociación entre el presidente Lasso y el presidente Iza se lleva a cabo a través de los medios de comunicación y redes. La mesa no ha sido ocupada por ninguno. Y los motivos de la Conaie no son del todo transparentes, pues el Gobierno ha demostrado que puede ceder. Pero la dirigencia indígena no lo hace. Mientras, los representantes de uno de los dos países aplauden las medidas de hecho y reclaman libertad para trabajar.
Las dos caras de una misma moneda que, sin embargo, no logran reconocerse como una unidad ni bajo una misma identidad.
Las acciones de las élites sociales y económicas podrían acentuar esta división con acciones como las contramarchas esporádicas que se han ido realizando.
En el análisis mediático, la conversación internacional relata los hechos desde el prisma de un levantamiento indígena. La conversación en redes es de tensión y aumenta la polarización a diario. El mejor caldo de cultivo para el populismo (de izquierda o derecha) es la polarización.
Columnas de MARÍA JOSÉ RODRÍGUEZ B.



















