¡Oh! linda La Paz
Un día como hoy, hace 217 años, La Paz comenzó a forjar su libertad con la revolución que inició Pedro Domingo Murillo y ahora se ha convertido en el corazón político de Bolivia, aunque eso muchas veces ha representado un alto costo para la vida de los paceños que soportan los conflictos, el más reciente que derivó en un cerco de seis meses.
Sin embargo, La Paz es más que el centro político del país o el “marchódromo”, es un departamento lleno de tesoros naturales y destinos turísticos por descubrir. Todo el que llega a la sede del gobierno queda maravillado por sus construcciones sobre los cerros y sus calles empinadas. La hoyada es de por sí una carta de presentación al mundo. Su belleza se puede apreciar mejor desde los teleféricos, ese transporte que sorprende a propios y extraños y nos acerca al cielo por un momento.
La Paz y su vorágine son una marca de la sede del gobierno, porque las personas empiezan a inundar las calles antes de que las oficinas se abran y el tráfico de un mar de minibuses son una muestra de una ciudad que no duerme y está en constante movimiento.
La Paz siempre está en el centro de la vida política del país, también, posee enormes potencialidades para el turismo. Se estima que cada año, la ciudad de recibe medio millón de turistas, entre extranjeros y bolivianos.
La ciudad ofrece a los visitantes un viaje por el tiempo con una arquitectura colonial y republicana que perdura en medio de las construcciones modernas. Además, posee un circuito religioso y más allá de la ciudad se encuentran verdaderos paraísos como los Yungas, Sorata y el lago Titicaca.
En ocasión del 217 aniversario de su gesta libertaria es importante mirar a La Paz más allá del centralismo y su poder político, es una tierra que acoge a bolivianos que buscan un mejor porvenir. Por ello, requieren contar con todas las condiciones para desarrollar sus actividades económicas, culturales, académicas y otras de manera óptima.
Como otras ciudades del país, La Paz se debate entre los problemas de la crisis económica y su fuerza para salir adelante al superar las dificultades. Más de un paceño ha dicho estos días “ya estamos acostumbrados, somos el marchódromo del país; pero, no nos rendimos”
Después de 50 días de bloqueos, los paceños tienen hoy mucho que festejar, sobre todo, porque han demostrado su resiliencia para sobreponerse a la adversidad. Esa fuerza es un valor que nos devuelve la confianza en el futuro mejor para más de 700 mil habitantes que han hecho de La Paz su hogar. ¡Felicidades La Paz!


















