La Fundación Unir rescata el concepto de “proventividad” para los conflictos
Bolivia vive una compleja ola de protestas con decenas de bloqueos que cortan rutas estratégicas y provocan desabastecimiento en los centros urbanos. Frente a este panorama crítico, la Fundación Unir Bolivia difunde una cartilla educativa del proyecto “Construyendo Culturas Democrática y de Paz”.
Este material de auxilio comunitario llega de forma directa desde su sede central, ubicada en el barrio de Sopocachi, de La Paz. El documento promueve un escudo “proventivo”, un concepto fue propuesto por el experto en conflictividad social John Burton.
A diferencia del enfoque preventivo, que busca evitar o impedir que el conflicto aparezca, lo proventivo asume que el conflicto va a ocurrir y se enfoca en proveer a la comunidad de conocimientos, habilidades y herramientas para que, cuando se produzca, se canalice sin recurrir a métodos de agresión ni hechos de violencia.
El pánico ciudadano crece a través de narrativas distorsionadas en entornos digitales que polarizan a los habitantes de un mismo barrio. Frente a este escenario, la receta de UNIR exige activar un filtro estricto antes de reaccionar al respecto. Unir recuerda que, en primer lugar, resulta vital frenar las cadenas de WhatsApp, debido a que el 71 por ciento de la desinformación sobre conflictos sociales en el país circula por esta vía y por el sitio Facebook
Asimismo, el manual pide contrastar los mensajes alarmistas con noticias de la radio o medios confiables antes de replicarlos. Finalmente, es clave desactivar al enemigo imaginario; las crisis sociales simplifican la realidad en una división de buenos contra malos, por lo que el escudo “proventivo” invita a reconocer los elementos comunes con el otro para frenar la agresión.
El bombardeo de alertas falsas en los teléfonos móviles altera la paz de los hogares y empuja a las familias a un estado de zozobra innecesario, lo que acelera la compra compulsiva de víveres y agrava la crisis de los mercados locales. La seguridad de cada barrio depende de la cohesión entre los propios habitantes de la zona. Para ello, se deben tomar en cuenta medidas de autogestión pacífica que protejan el manzano de forma colaborativa. El plan contempla la creación de comités específicos por calles o edificios coordinados vía redes de mensajería, con el apoyo de silbatos, campanas o megáfonos como sistemas de alerta interna en caso de cortes de energía o falta de señal de internet.
En cuanto a los suministros básicos, la estrategia propone proteger los mercados locales de posibles saqueos, establecer ollas comunes para las familias vulnerables y resguardar la infraestructura de agua potable junto a los reservorios con los que cuente el barrio. Además, la comunidad debe garantizar la salud mediante el paso libre absoluto a ambulancias, personal médico y vehículos con suministros médicos. Este blindaje comunitario se completa con la protección de vulnerables, al mantener en espacios seguros y alejados de la vía pública a niños, ancianos, mujeres embarazadas y personas con discapacidad. La participación activa de las mujeres en las tareas de vigilancia pacífica aporta serenidad y ayuda a disolver los focos de agresión.






















