Tradiciones y costumbres navideñas en Cochabamba
Rosa Elena Novillo Gómez, Investigadora
Historia del Pesebre
Cuenta la historia que fue en el siglo XIII cuando san Francisco de Asís, el santo de la humildad y de la pobreza, inició la costumbre de representar el nacimiento de Jesús por medio de figuras. Desde entonces, la Virgen María, San José, el Niño Dios, los tres reyes magos, los pastores, la mula y el buey se convirtieron en los protagonistas del pesebre.
La idea de recrear con figuras el nacimiento de Cristo le surgió a san Francisco de Asís durante un viaje que hizo en 1223 a la gruta de Belén, sitio donde nació el Niño Jesús. San Francisco de Asís, fundador de la orden franciscana, representó el primer Belén en una cueva próxima a la ermita de Greccio, Italia, el 25 de diciembre de 1223. La encargada de difundir la tradición de representar el nacimiento del Niño Jesús fue santa Clara de Asís.
Fue en la Edad Media y en el Renacimiento cuando se agregaron al pesebre las figuras de los pastores de Belén y los tres reyes magos (Melchor, Gaspar y Baltazar), quienes trajeron al Niño ofrendas de oro, incienso y mirra.
La Navidad en Cochabamba
El pueblo realiza ofrendas en los atrios y en las procesiones; las ofrendas no son otra cosa que danzas religiosas ambulatorias. Esta costumbre viene a América directamente de la Península de España y en el suelo americano se enriquece, evoluciona y se transforma en el fecundo y activo crisol del criollismo.
Se baila individualmente o por parejas ante el nacimiento del Niño Jesús, sin que jamás los danzantes den la espalda al pesebre. No tiene fin, sino que evoluciona con las variantes que le prestan las diversas regiones y la destreza de los bailarines.
Las comparsas ambulantes de muchachos con sus respectivos instrumentos acompañan a las niñas vestidas de incas o ñustas, quienes entran en los salones y tiendas en donde esté arreglado el Nacimiento. La dueña de casa está obligada a recibirlos e invitarles pastelitos con jigote y/o queso, buñuelos, agua de coco, cerveza de quinua, tostada y vino a los mayores.
El “huachi-torito” es la especie navideña que sigue en importancia a los bailarines. En Cochabamba y las provincias es donde se halla extendida esta forma coreográfica. Es también de naturaleza pantomímica y se advierte notable influencia de las fiestas españolas de los toros. Su nombre “huachi-torito” indica que es un simulacro taurino. En el fondo es una danza de galanteo y rechazo y de final sumisión.
Costumbres de antaño
Un nutrido repertorio musical y coreográfico enmarca un variado cuadro costumbrista. Los preparativos para la conmemoración del advenimiento del Redentor comienzan con mucha antelación. Faltando unas cuatro semanas, las mujeres del pueblo y las amas de casa comienzan la maceración del trigo, cebada y maíz en latas vacías de conservas y en cuanta vasija se encuentre disponible, cubriéndolas de lienzos mojados.
Los “triguitos del Niño”, una vez germinados, constituirán el más típico adorno de los nacimientos: formarán las sementeras y los prados del pesebre. Los alfareros hacen toda clase de figuritas y las pandillas de muchachos organizan murgas (género artístico que combina música y teatro) bullangueras como la Adoración del Niño Jesús en Totora. Pocos días antes de Navidad, aparecen los vendedores de algodón nevado (de azúcar) que con el anuncio de sus pregones dan un toque típico a los preparativos navideños.
Los días 23 y 24, las calles adyacentes al mercado se llenan con todo lo que forma parte de los nacimientos: triguitos, figuritas, musgo. Pero el 24 todas las iglesias y todas las casas tienen perfectamente arreglado el Nacimiento. En los hogares acomodados rodean la imagen del Niño de joyas, porcelanas, figuritas de alabastro, candelabros de luces y hermosos jarrones con flores y al pie del pequeño altar se colocan los paquetes destinados a los niños de la familia.
Con varios días de anticipación, se reúnen los chiquillos de los barrios para formar sus comparsas, conjuntos musicales a base de instrumentos de percusión ingeniados por ellos mismos, como las sonajeras de tapas de cerveza, silbatinas y comenzar los ensayos.
Las delicias de la Navidad
Los pastelitos con jigote y quesillo espolvoreados con azúcar impalpable, los buñuelos con miel de caña, acompañados (opcional) de chocolate, agua de coco, agua de maní tostado con canela eran las delicias que anunciaban la Navidad en el desayuno y durante el día.
Lo más delicioso: robarse un pastelito en miniatura del Niñito Jesús que adornaba el altar, junto a los ciruelos, los albarillos combinando con los animalitos, juguetitos, los sembradíos de trigo, maíz, flores, y alisos en los costados del armado. Los villancicos, la adoración al Niño Manuelito, el infaltable pavo que se criaba para la ocasión, en los canchones de las casonas, el caldo de maní y el cordero para el almuerzo de Navidad.






















