Jugar con las reglas (o una aproximación al déficit democrático cultural)
Claudia Pacheco Araoz | Gestora cultural
El 3 de mayo hemos iniciado una nueva partida municipal en toda Bolivia, en el caso específico de la ciudad de Cochabamba, el alcalde electo es padre de un concejal del poder legislativo, órgano fiscalizador del poder ejecutivo, es decir, fiscalizador de las actuaciones del burgomaestre – vale la pena referenciar que Saturno el dios romano que devoro a sus hijos para mantener intacto su reinado. El acto se repetirá en el poder municipal de otra forma menos sangrienta y visible a los ojos ciudadanos- El juego político del gobierno municipal inicia atravesado por una relación de parentesco indisoluble.
El juego de la gestión y administración pública – de forma resumida- está compuesto por los funcionarios públicos, la economía, la participación ciudadana en la burocracia. El objetivo, respetar y responder a las necesidades de la sociedad. Los juegos contienen reglas operativas, reglas implícitas y escritas, todas estas partes incluyen filosofía y estética para la producción de una óptima experiencia lúdica, unidas deben mantener coherencia; el juego de la gestión administrativa pública debe conservar armonía entre la dimensión política para construir un escenario democrático.
Creo que la parte más interesante de un juego es el inicio: la firma del contrato social, desde ese momento todas las actuaciones estarán determinadas no solo por lo escrito, sino mayormente por lo implícito, el juego limpio y justo dependerá de las motivaciones de cada parte junto a la calidad de su participación.
El alcalde inicio su gestión con una reestructuración del aparato ejecutivo – estableciendo su horizonte político- La Secretaría de Cultura fue reducida a una sola Dirección, incluida en la Secretaría de desarrollo productivo, turismo y cultura. El nuevo director de desarrollo productivo justifico esta acción diciendo que “las tres áreas son hermanitas y se fortalecerán unas a otras”. Estas “hermanas” tienen sus peculiaridades y casi nunca se han llevado bien: por sus diferencias y necesidades administrativas. Por ejemplo, Desarrollo Productivo en un municipio como el de CBBA no se trata de desarrollar talleres cortos de “peluquería”, se ocupará de mejorar los procesos productivos rurales - urbanos. En el caso de Turismo el diseño de políticas locales deberá alinearse a un plan nacional y departamental, supervisará el funcionamiento de los servicios turísticos locales. Es cierto que tienen que ver con la cultura, las labores económicas de los territorios son el resultado de nuestros hábitos culturales, dinámicos, productores de economía, por lo que la gestión burocratica debe ser diferenciar procesos, no reducirlos, si se busca una justa reproducción social de la vida.
Cuando la Casa de la Cultura gozaba de descentralización administrativa y un presupuesto significativo, fue la punta de lanza que posibilito un debate nacional sobre la importancia de crear una nueva burocracia orientada en el entendimiento de la gestión cultural pública, ya que esta engloba los servicios públicos como: bibliotecas, museos, centros culturales, parques, etc. que necesitan una administración que contemple su carácter de garantes de derechos culturales en cuanto a memoria social, derecho al entretenimiento, al acceso igualitario a las expresiones culturales. El fomento a la diversidad de expresiones artísticas y culturales: desde el inicio de su proceso de producción. La competencia para generar procesos formativos: para los ciudadanos de todas las edades como para los trabajadores de cultura. Fomentar la investigación desde diferentes enfoques. La gestión del patrimonio cultural no se reduce a las declaratorias. Y así, el libro, la feria, el cine… todas tienen que ver con la producción de economía, con inversiones de infraestructura, generarando condiciones de mercado y más. Es por esto que reducir el aparato burocrático para la gestión cultural pública sigue la línea neoliberal, que busca que la educación, la salud y la cultura sean gestionados desde lo privado, para reproducir desde lo público relaciones clientelares, por lo que no es posible hablar de un proceso de “democratización cultural” en estas condiciones.
Las reglas de juego de esta gestión política son: limitar la fiscalización desde el legislativo y el control social además de disminuir la conflictividad social a partir de mandatos que no garantizan los derechos culturales de la sociedad.
Es preciso acotar que el golpe de Estado de 2019 y la actual pandemia han generado una ventaja histórica de tiempo de campaña para quienes aspiraban ganar las alcaldías de todo el país, tuvieron más de un año para estudiar el aparato burocrático y al tomar posesión: ejecutar planes con relevancia social, dejando los argumentos miserables de lado.
¿Qué juego estamos jugando? El del déficit democrático. Hay una incapacidad de gestión para componer un discurso político coherente y potable para la cultura, donde sea posible la participación ciudadana decidiendo sobre la modelación de una administración y sus competencias con horizonte social estableciendo prioridades entre valores y competencia.
El juego es una experiencia social, de constante creación, la burocracia no es un espacio cerrado, los modelos han ido transformándose en el tiempo. Es posible actualizarlas, innovar, democratizar las estructuras administrativas introduciendo las voces ciudadanas junto a la política en su diario funcionamiento.
El juego político que nos presenta la actual gestión municipal no contempla la producción de experiencias democráticas profundas, nos ofrece condiciones de desigualdad, los de la cultura, ¿vamos a jugar esta partida en estas condiciones?
























