Festividad de Urkupiña debe aplazarse y la fe emplazarse
La crítica situación sanitaria que sigue atravesando el país, obliga nuevamente a que la Festividad de Urkupiña, sea aplazada oficialmente.
De intentarlo, por lo menos, su programación, sería definitivamente una atroz e impía irresponsabilidad.
Lo sensato sería y aún con mayores medidas restrictivas, repetir lo realizado el pasado año. En ámbitos litúrgicos, las celebraciones eucaristías de manera virtual, la Procesión reducida en su trayecto y la visita al Clavario con medidas aún mayores. Las expresiones folklóricas y comerciales, definitivamente, canceladas.
El año pasado se sugirió que la contracción de los diferentes actos programados, permitirían hacer una reingeniería de la festividad, dentro los ámbitos de la organización, pero hasta la fecha, ninguno de los involucrados directamente en la realización de la Festividad: Gobernación, folkloristas, Alcaldía y la Parroquia de Quillacollo, no hicieron traslucir por lo menos un interés en aplicar modificaciones a este complejo andamiaje que representa la Festividad.
Se advirtió insistentemente que, con la nueva administración regional y municipal, se emprendería en la elaboración directrices para su organización, pero mejor si no lo hacen, porque no son sus funciones.
Nuevamente, se repetiría los errores ya “tradicionales”. La Alcaldía y la Gobernación, no deben participar de manera directa en este acontecimiento, eminentemente religioso. Deben circunscribirse simplemente a la promoción, al mejoramiento de la infraestructura vial, luminarias, espacios de recreación, regulación de las tarifas del transporte público, del expendio apropiado de alimentos y otros, pero no en la logística organizativa.
En la obligada recesión del pasado año, se sugirió que serviría para que, principalmente, los representantes de la Parroquia de Quillacollo, elaboren una estrategia, en el que no prime, sino hegemonice lo religioso. Al parecer ella (Iglesia), se encuentra aún en una “cuarentena rígida” de propuestas orientadas para la Festividad de Urkupiña.
En ese ámbito (religioso), las condiciones, son una inmejorable oportunidad para una reingeniería, que debió haber empezado el pasado año, cuando se optó por cancelar su realización, al mismo tiempo, se presentó una sugerencia pública, en ese sentido, sin embargo, el “equipo sacerdotal”, no demuestra un sinceramiento con la población, ni con sus funciones, por lo menos en este cometido.
La reingeniería en la logística, incluido el recorrido de la “entrada”, de la Procesión y otros masivos, deberían generar movimientos resilientes.
Si ello ocurriera, también facilitaría de sobremanera, las aisladas y tímidas gestiones que se hacen para que la Unesco declare: “Festividad de Urkupiña, Patrimonio Intangible de Fe, Folklore, Cultura e Integración de la Humanidad”.
Aún es tiempo.
Johnny Fernández Rojas
Periodista y gestor cultural





















