El Instituto Laredo presenta el Festival Artístico Bicentenario
En conmemoración a los 200 años de la Independencia de Bolivia, el Instituto de Educación Integral y Formación Artística “Eduardo Laredo” llevará adelante el festival artístico denominado: “¡Viva Bolivia!”, que se celebrará el viernes 10 y sábado 11 de octubre, desde las 19:30, y el domingo 12, a partir de las 17:00 horas, en instalaciones del establecimiento. El evento será transmitido en vivo a través de https://www.facebook.com/institutoeduardolaredo, donde también se puede encontrar información acerca de los procesos de postulación de estudiantes a 3ro de primaria para la Gestión 2026.
Noemí Uzeda León, rectora del Instituto Eduardo Laredo, señaló que el festival tiene como finalidad celebrar el Bicentenario de Bolivia, en el aniversario de su fundador Franklin Anaya Arze, a través de una puesta en escena integral de las artes que en centro educativo se imparten académicamente.
“En esta ocasión se presentarán los diferentes grupos de danza -contemporánea folklórica y clásica-, obras de teatro y obras musicales de compositores bolivianos y de la música universal, en destacadas formaciones sinfónicas y coros polifónicos, que expresarán con fuerza y sensibilidad la profunda identidad cultural de Bolivia, y el alto potencial del Instituto Eduardo Laredo como modelo educativo e ícono educacional y cultural de Bolivia”, remarcó.
Uzeda León recordó que el Instituto de Educación Integral y Formación Artística “Eduardo Laredo” (Ieifael) fue fundado en 1961 por el arquitecto y músico Franklin Anaya Arze, junto a un grupo de artistas, pensadores y familias comprometidas con la educación y la cultura, donde Rafael Anaya Arze también tuvo un papel protagónico. “Esta propuesta educativa surgió con una visión distinta: formar personas a través de una enseñanza que articule integralmente las artes y las ciencias como elementos para desarrollar un pensamiento crítico, respondiendo a las necesidades sociales y culturales del país. Este sistema educativo, pionero en el mundo, ha probado, de acuerdo a investigaciones científicas, ampliamente su éxito como modelo educacional”.
Asimismo, destacó que, desde sus inicios, el Instituto buscó transformar el entorno educativo a través de una pedagogía que valore la expresión artística como herramienta esencial para el desarrollo humano. “Lo que comenzó en un espacio improvisado, el antiguo garaje de vehículos municipales de la calle 16 de julio, hoy Casa de la Juventud, fue tomando forma gracias al esfuerzo colectivo de una comunidad que creyó en el arte como vía para consolidar y desarrollar las capacidades cognitivas del ser humano”, sostuvo.
La rectora de la entidad educativa advirtió que, a lo largo de sus más de 60 años de trayectoria, el Instituto ha desarrollado y consolidado un modelo educativo propio y original boliviano. Además, dijo que este compromiso con la cultura y la educación ha sido reconocido oficialmente en 2011 cuando fue declarado Patrimonio Cultural e Inmaterial de Bolivia mediante la Ley 123; en 2018, Patrimonio Cultural, Inmaterial y Educativo del departamento de Cochabamba por la Ley 839; y en 2021, Patrimonio Cultural, Inmaterial y Educativo de la zona andina, a través de la Resolución 06/2021 del Parlamento Andino en Bogotá, Colombia.
El Instituto “Eduardo Laredo”: una historia de lucha y transformación educativa
Entrañablemente conocido, por las generaciones primeras de profesores y estudiantes, como “la escuelita”, nació en un lugar insólito pero cargado de simbolismo: el antiguo garaje de los carros basureros de la ciudad de Cochabamba. Allí, donde antes solo había ruido de motores y herramientas, comenzó a germinar un sueño. En ese espacio modesto, la música, el canto, la danza y la esperanza comenzaron a ocupar su lugar, gracias al impulso incansable de Don Franklin Anaya Arze y un pequeño grupo de niños y niñas que creyeron en la magia del arte como forma de vida.
Desde su fundación, el modelo de Educación Integral del Instituto “Eduardo Laredo” se abrió paso entre enormes desafíos. A contracorriente de los moldes tradicionales, propuso una formación que unía el conocimiento científico con la sensibilidad artística. Esta visión, en un inicio incomprendida por muchos, comenzó a tomar fuerza con cada niño y niña que ingresaba a sus aulas. Aunque durante los primeros años los cursos contaban con apenas 8 a 12 estudiantes por aula, fue precisamente en esa intimidad donde se forjaron los cimientos sólidos de un proyecto educativo que no tardaría en dejar huella profunda.
Con una educación que no separa ciencia y arte, sino que las entrelaza, y que ha logrado transformar vidas enteras, sembrando valores, despertando vocaciones, y llevando mensajes de belleza, dignidad y esperanza a toda la sociedad a través del arte; e inspirado en principios filosóficos profundos —como el de enseñar en libertad, para cultivar la creatividad y la felicidad— este proyecto ha demostrado que es posible formar ciudadanos de pensamiento crítico, capaces de aportar a la ciencia y la cultura, desde una mirada inclusiva y participativa. Muchos de sus egresados hoy brillan en diferentes campos profesionales, llevando con ellos el espíritu de la educación integral y el arte como forma de compromiso con la vida.
La huella del Instituto es también concreta en la creación de espacios como la carrera de Licenciatura en Música en la Universidad Mayor de San Simón, la Orquesta Sinfónica Municipal patrocinada por la Alcaldía de Cochabamba, y en diversos modelos educativos que han tomado al Laredo como referente. “No es exagerado decir que en cada rincón del país hay músicos, bailarines, docentes, investigadores y gestores culturales cuya formación comenzó en esas aulas cargadas de pasión y entrega”, indicó Uzeda.
Sin embargo, la reconocida educadora dijo que, pese a su legado, el Instituto continúa enfrentando dificultades. “Hoy, con una demanda de admisión que supera en más del 300% su capacidad instalada, y con una población estudiantil cercana a los 800 estudiantes, el modelo de educación integral que ofrece sigue siendo adelantado a su tiempo. Aún no es plenamente comprendido ni respaldado por las políticas educativas bolivianas, que no terminan de valorar la formación artística como parte esencial del desarrollo de la niñez y la juventud”.
Uzeda dijo que por esa razón el Instituto continúa trabajando en condiciones económicas precarias, con limitaciones estructurales, y en medio de tensiones administrativas y académicas con el Ministerio de Educación, cuya burocracia aún no reconoce —ni respalda adecuadamente— un sistema educativo integral científico-artístico como el que aquí se practica. “Pese a contar con el respaldo legal de ser Patrimonio Cultural y Educativo del Estado boliviano, el Instituto “Eduardo Laredo” se mantiene de pie gracias al compromiso inquebrantable de su comunidad: estudiantes, docentes, padres y madres, artistas y soñadores que creen, aún contra toda adversidad, que el arte puede transformar el mundo”, añadió.
“Hoy más que nunca, esta escuelita que nació en un garaje se erige como símbolo de resistencia, creatividad y esperanza. Porque mientras haya un niño que cante, un joven que baile, un maestro que enseñe con amor, el sueño de una educación verdaderamente integral seguirá vivo”, puntualizó.


























