Colombia: es hora de creer
“Si los acuerdos son aprobados en el plebiscito, será una señal importante de reconciliación. No la paz completa, pero creo sinceramente que puede ser el inicio de una nueva Colombia (…) creo en el proceso, creo en la solución negociada y creo que el trabajo para los que queremos una Colombia en paz es muy grande”. Es hora de creer.
En su libro Vivir para Contarla, publicado el año 2002, Gabriel García Márquez describe lo que fueron los inicios de la guerrilla es estos términos: “(…) Colombia se consideraba libre de guerrillas desde que las Fuerzas Armadas se tomaron el poder con la bandera de la paz y la concordia entre los partidos. (…) En ésas andábamos cuando José Salgar se acercó a mi escritorio con una de sus ideas terroríficas:
—Prepárese para conocer la guerra.
(…) De pronto se escucharon varias órdenes simultáneas y enseguida una descarga cerrada de los militares. Nos echamos a tierra cerca de los soldados y éstos abrieron fuego contra la casa de la cornisa. (...) El tiroteo fue breve pero muy intenso y en su lugar quedó un silencio letal”. Más gráfico, creo que imposible.
El terror duró más de medio siglo, hasta que el pasado 24 de agosto, ante la presencia de facilitadores, veedores y garantes internacionales, después de cuatro años de tenaces negociaciones, los jefes de ambas partes, anunciaron el arribo a un “acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”. El presidente Santos exclamó “Es el principio del fin”.
Se trata de un documento extenso (293 páginas), trabajado con detalle y laboriosa complejidad, propios de la magnitud de lo acordado. No en vano será la herramienta para materializar la paz definitiva en un país sacudido por una guerra que rebasó todos los límites ideológicos, las fronteras nacionales, pulverizó los principios del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos y terminó coludida con la delincuencia organizada transnacional.
El acuerdo se sustenta en seis pilares: 1. Reforma Rural Integral, 2. Participación política, 3. Fin del Conflicto, 4. Solución al Problema de las Drogas Ilícitas, 5. Acuerdo sobre las Víctimas, sustentado en los principios de Verdad, Justicia, Reparación, No Repetición, y Compromiso sobre Derechos Humanos, 6. Implementación, verificación y refrendación, donde destaca el acompañamiento internacional (6.3.2.). Entre sus protocolos sobresalen los referidos a las reglas que regirán el cese al fuego y de hostilidades bilaterales y definitivas, y la dejación de las armas.
Implementar lo pactado, movilizará a bloques regionales como la Unión Europea, Estados (EEUU, Suiza, Suecia, Venezuela, Cuba entre otros), organismos internacionales especializados y numerosas ONG. Contempla también la posibilidad de invitar a otras instituciones que realizan acompañamiento internacional. Prácticamente se trata de los ojos de la humanidad vigilando y supervisando el arribo a un buen puerto.
En palabras de los actores finales, el acuerdo no debe ser entendido como un intercambio de claudicaciones ni de impunidades, sino como el fin al odio y el inicio de una justicia restaurativa. Se trata de iniciar la construcción de una patria justa y con plena dignidad humana, “la Colombia de sus fundadores”.
Para su entrada en vigor, el acuerdo debe ser aprobado por el pueblo colombiano, cuyo Presidente convocó a un referendo que definirá si el mismo se aprueba como está redactado, o se rechaza. Lo último no debiera significar la vuelta a la guerra ni abandonar la mesa del diálogo, sino ajustar lo pactado.
El acuerdo tiene sus críticos, con posturas tan respetables como las de sus promotores. Hay quienes consideran que se trata de un acuerdo de paz con impunidad, que se está premiando con curules a los (hasta ayer) asesinos, que los delincuentes van a conservar las riquezas producto de sus alianzas con el crimen organizado y que finalmente es un pacto que atenta contra la seguridad nacional.
El Gobierno y las FARC, que por lógica, harán campaña por el SÍ, tienen la responsabilidad de asegurarse que el votante acuda a este acto debidamente informado del contenido de los acuerdos. Quienes hagan campaña por el NO, tienen el deber de ofrecer opciones para mejorarlos.
Para finalizar, hago mías las palabras de una colega diplomática colombiana: “si los acuerdos son aprobados en el plebiscito, será una señal importante de reconciliación. No la paz completa, pero creo sinceramente que puede ser el inicio de una nueva Colombia (…) creo en el proceso, creo en la solución negociada y creo que el trabajo para los que queremos una Colombia en paz es muy grande”. Es hora de creer.
El autor es abogado, diplomático y docente universitario
Columnas de WILLY WALDO ALVARADO VÁSQUEZ

















