La Finitud: acerca de la muerte y la estética

Cultura
Publicado el 05/09/2016 a las 0h00
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Javier Hurtado Yáñez (*)

“La Finitud” es el título de uno de los libros —a modo de ensayo—, que escribió el filósofo, músico, compositor y filólogo boliviano Marvin Sandi, publicado por la Universidad Autónoma Tomás Frías en 1963, y que por su pertinencia en tiempo y espacio nos atrevemos a divulgar —como simples aficionados a filosofar desde la heterodoxia y, quién sabe, con un implícito aire hereje— uno de los temas existenciales de actualidad que este extraordinario pensador potosino aborda en el referido texto, con impresionante claridad, consecuencia y certidumbre, sin perder, sin embargo, la pasión que embarga su pensamiento sobre la muerte.

Como hijo de una época particular, no exenta de rupturas e incertidumbres, como las que desgarran al hombre en el inicio de un nuevo milenio, sumido en estas “sociedades líquidas” de las que habla Zygmunt Bauman, Marvin Sandi aparece mortalmente pertinente. Impregnando los cinco sentidos de los varones y los seis de las mujeres, los carteles del consumismo convocan a los vivientes a reproducir su “insaciabilidad” como una suerte de exorcismo en esa lucha entre placer y muerte. Esa pulsión expuesta magistralmente por Herbert Marcuse en “El hombre unidimensional” es también reconocida por Sandi en “La Finitud”.  ¡Bienvenidos al mundo de lo efímero y descartable, incluida la filosofía, el pensar, el actuar y el lenguaje filosóficos! ¿O acaso, no pocas veces, el hombre actual pretende eludir el problema, burlándose de los devastadores efectos que el tiempo ejerce en las cosas? Nihilista y despreocupado, el homo faber, apoyado en la tecnología y la ciencia, recorre y devasta este bizarro planeta, consciente (¿?) de que tiene fecha de caducidad.

 

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El músico, compositor y filósofo boliviano Marvin Sandi.
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El problema de la finitud

Eros y Thanatos. Al presentar “El problema de la finitud en la filosofía contemporánea y sus relaciones con la estética”, Marvin Sandi dice: “Durante el presente ensayo tropezaremos con varios problemas absolutamente ineludibles… Uno de ellos, el lenguaje, se hace patente como el fundamento de todo otro problema, pues en él radican las fuentes de la cuales surge cualquier intento de determinación de la verdad. El lenguaje es, según un filósofo contemporáneo, Martín Heidegger, el lugar donde el Ser mora”. Éste es el particular universo, el del lenguaje, en el que reparamos y deseamos abordar, con la intuición como única herramienta, intentando acompañar al filósofo potosino en su discurrir sobre el tema.

Sandi, citando a otro filósofo, el hispano-argentino Francisco Romero, ratifica que el hombre es el nominador y  “…al nominar aquello que hace posible el desocultamiento de los entes, es decir, del ser, el hombre capta inmediatamente la insuficiencia del habla, pues, en último término, el hombre es habla y por lo tanto su propia negación en cuanto ‘buceador’ de las profundidades del ser. Consecuentemente, el lugar donde el ser se manifiesta, el hombre, se niega a sí mismo al hacer uso del instrumento del ser, y de su propio instrumento. En este grado de inefabilidad, se nota la presencia de la nada, como muerte, o mejor, como finitud en su cruda y trágica insalvabilidad”.

Precisamente, diríamos, el problema del hombre, de su yo profundo, se afinca en la Muerte. ¿Pero acaso la muerte no tiene su par antitético en la vida? Veamos, apenas tres años antes de nacer Sandi había terminado la Guerra del Chaco (1932-1935) y asistió, junto a su generación al trauma post bélico surgido del horror de otra conflagración, la II Guerra Mundial que culminó con dos bombas atómicas que en cuestión de segundos hicieron pasar de la vida a la muerte a miles de niños, mujeres, ancianos y hombres. ¿Cómo entender eso?, y luego, algo más perturbador, ¿cómo vivir con esa imagen apocalíptica sin perder la razón?

Y el tema, disculpen la digresión, no es eurocéntrico o “alienador-colonialista”, es realidad, o mejor dicho, es existencialmente real. O ¿acaso la explicación maniquea oficialismo/oposición, añadida a la revelación divina de “golpe de Estado” del conflicto minero cooperativista en Bolivia, es suficiente para entender el problema de fondo? No lo creemos, por eso, el filósofo potosino, aparentemente puesto de pie en el irracionalismo  de  Wilhelm Dilthey,  invoca su estética y dice así: “El aire vivificante y saludable que sopla desde Alemania al mundo entero no sólo tiene su fuente en Niestzche, el gran afirmador, sino también en Dilthey, faro salvador en la borrasca de nuestro tiempo producida por el marxismo y la filosofía existencial. Ante el totalitarismo mesiánico se levanta la naturaleza infinitamente perfectible de la humanidad, y si bien el marxismo es una posibilidad para resolver el problema de la historia, el hombre, para Dilthey, tiene otras mil posibilidades, no tan terriblemente grises e insípidas como el materialismo histórico, sino plenas de color y de vitalidad. La salud y la fuerza del ser pleno, se enfrentarán con la nada. La angustia sólo mostrará un aspecto de la riqueza cualitativa inmersa en la vida y ésta resultará, a fin de cuentas, principio y fundamento del pensar… Ello no significa un abandono de la razón, sino el intento más completo para retornarla a la vida; no una razón todopoderosa y omnisciente, sino surgida de la vida y por tanto consciente de sus propios límites”.

 

Vivir más que pensar

Luego, retomando el problema del lenguaje como el axis del ser del hombre, Sandi asegura que este poeta-filósofo alemán incita “a vivir más que a pensar” y nosotros añadiríamos que la pulsión profunda del vacío nos impele a vivir lo pensado. Soy lo que pienso. Pero el innombrado potosino asevera que “…la vida se define a sí misma y el filósofo se limita a describirla”. Con visión profética, Sandi rechaza, en palabras de Dilthey, arrogarse el poder de revelar el misterio de la vida, y menos a través de cierta “cientificidad” que plantea las diferentes concepciones del mundo, mismas —sostiene—,  que no se suceden en el tiempo, ni una es condición de la otra, tampoco se niegan dialécticamente, como plantearía el marxismo, ni son “estados” que la humanidad debió atravesar para llegar a uno último que sería el definitivo como postula el positivismo (Comte).

“Pues, en última instancia, el hombre, no como sustancia ni como naturaleza, sino como vida es el último fundamento de la historia y de las visiones del mundo. Él servirá, entonces, para explicar el sentido del universo y de la historia, él, como el lugar donde la vida se manifiesta en su entera lozanía, constituye la solución del problema del ‘relativismo histórico’; pues ante todo, el hombre es vida, y si puede hablarse de algún absoluto en la filosofía sería justamente de la vida, base irracional, germinadora de las concepciones del mundo que no son sino sus símbolos”. ¿Cuáles son estos? O más bien, ¿cómo surgen? Nos preguntamos. Serían —apunta Sandi—, construcciones del lenguaje y en especial de la poesía, a la que Roman Jakobson la convierte en una “función” del primero. Entonces, volviendo al principio, si el ser radica en el lenguaje y en esos símbolos o “concepciones del mundo”, la humanidad se aferra a la ciencia, la tecnología y el progreso. Merced al impresionante despliegue de las llamadas tecnologías de la información, la ingeniería genética y los viajes interplanetarios, el hombre de este milenio cree haber encontrado la piedra filosofal y la fuente de la entera juventud. Pero terca, tenaz, irremediable se presenta la finitud, a pesar de las banalizaciones y su dilución diaria en noticiosos, obras artísticas y acciones políticas (simbólicas tipo ISIS) que al hacer “naturales” la violencia y la muerte pretenden exorcizarlas sin lograrlo, por lo que la existencia humana se presenta vacía, sin ninguna perspectiva más que la vida en una sola dimensión. “No todos los problemas se resuelven lógicamente, como creía Hegel. En la lucha por descubrir el sentido del cosmos no sólo juega el intelecto del hombre, sino también sus angustias, sus instintos y sentimientos, en suma: la entera conexión de su ser”, advierte Sandi, quien asigna al poeta (estética) el privilegio de mostrar con gran fidelidad el “espíritu de una época”. La nuestra…

 

Hablar de los innombrados

Este artículo tiene por objeto, hablar de los innombrados, de aquellos pensadores latinoamericanos que inmolados por la barbarie militarista o que optaron por seguir el camino del suicidio, como es el caso de Marvin Sandi, construyeron pensamientos que no pueden ni deben ser olvidados; sino, al contrario, servir en la construcción de un ideario —no unidimensional, o univoco totalitario—, sino múltiple, abigarrado y contradictorio, sin embargo, capaz, por lo mismo, de unirnos por la razón y la fuerza del espíritu vivificante, del ajayu de esta Patria Grande que es Latinoamérica.

Marvin Sandi era, casi con certeza, antes que artista, filósofo o políglota, humano muy humano y en su fugaz como intensa comparecencia ante el escenario de la vida cultural, dejó su ser plasmado en obras musicales y sobre todo, filosóficas, que meren ser reconocidas, a través de una profunda y amplia discusión de “…nosotros todos, herederos de la niebla y el destino”.

Llevando en sí la impronta de la tragedia y la angustia del hombre de su tiempo, Sandi nos hace oír su voz, junto a la de otros pensadores latinoamericanos que tomaron, antes y después el camino del suicidio y que según destaca un estudio al respecto, alcanza a ciento diez nombres latinoamericanos. Además de Sandi, en esta trágica lista de “innombrados” bolivianos está Emeterio Villamil de Rada, quién postuló la tesis de que el Edén estuvo en Sorata y que la lengua de Adán y Eva fue el aymara.

Alberto Villalpando, un compositor amigo de Sandi revelaba “…En cierta oportunidad, asistimos a un concierto en el Teatro Colón (Buenos Aires)  ofrecido por Jaime Laredo, quien hacia poco tiempo había ganado el Concurso de la Reina de Bélgica. Marvin se echó a llorar desconsoladamente por la intensa emoción que le había producido, no sólo la inmensa musicalidad de Laredo, sino el hecho de que era boliviano”.

 

(*) El autor es periodista.

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