¿Constituyente?
Si bien la constitución venezolana faculta al Presidente y al Parlamento, entre otros, convocar a una Constituyente, Maduro no cumple con el mandato de la mayoría de la sociedad ni resolverá la crisis económica, social y política imperante. ¿Por qué la convocó si la correlación de fuerzas le es desfavorable? ¿Piensa que su intento de disolver la Asamblea Nacional, que fue elegida por el soberano pueblo venezolano a través de las urnas, le garantizará su dictadura futura? Frente a la movilización social, que tiene características de insurrección social generalizada, la convocatoria determina un nuevo autogolpe, pues es otra ruptura del orden constitucional. Esta actitud de último aliento sólo busca quebrar la resistencia de la oposición y ganar tiempo conservando el poder. No obstante, Maduro olvidó que la consigna Constituyente, es decir la entrega del poder a una Asamblea Constituyente, tiene un carácter consensuado y no unilateral, es un instrumento institucionalizado, protege la libertad del pueblo a decidir, por lo que el poder de revisión no puede depender exclusivamente de los usufructuarios del sistema político que se quiere modificar. El carácter de una convocatoria Constituyente depende, en última instancia, de la movilización y organización de la sociedad y de la honestidad de las propuestas; es decir, depende del estado de la lucha de clases y su consecuente correlación de fuerzas.
Además, no es la Constitución chavista la que está cuestionada, sino la incapacidad y la ineficiencia generalizada de la gestión pública y el ejercicio espurio que se hace del poder conferido. La propia Constitución chavista concilia el principio de autoridad con la libertad, reconociendo que antes de su propia vigencia, existen derechos inalienables del ser humano que sobrepasan al Estado mismo. Pero el régimen de Maduro no reconoce tales derechos, no toma conciencia de la primacía del hombre frente al Estado, por lo que perdió el sentido de su existencia. Es un fenómeno político que surge en este momento de la historia venezolana cuando la racionalidad se impone a la ilegitimidad en el ejercicio del poder político. Ese ejercicio rufián deja de ser un fin en sí mismo y se convierte en un sistema agotado necesario de eliminarlo derivado de los conflictos sociales que se presentan como una dialéctica: establecimiento-degeneración-regeneración y que marcan los ciclos histórico-políticos. Es la lucha constante por los derechos inalienables, anteriores a la existencia de la propia Constitución venezolana que los contempla. Es la consagración definitiva de que el Estado existe en función del respeto a la dignidad del hombre. Por esto, el poder constituyente originario reside siempre en el pueblo y, por ello, permanece fuera de la Constitución. Maduro también olvidó que el Poder Constituyente es excepcional, y la propuesta debe previamente ser votada por el único titular soberano en referéndum, en el cual se requerirá la concurrencia de más de la mitad de los electores inscritos y el voto favorable de la mayoría absoluta de los sufragantes.
Archivar la propia Constitución chavista promoverá una salida extraconstitucional. A los venezolanos solo les queda la resistencia destituyente con violencia en las calles para botar al colombiano incapaz.
El autor es abogado constitucionalista.
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