No caldear ánimos
Como muchos analistas advirtieron, fue un craso error de parte de los dirigentes sindicales de turno establecer una alianza con el Gobierno porque, como demuestran varios episodios de nuestra historia y de la de muchos otros países en los que un gobierno siente ser el representante del “pueblo”, termina subordinando a sus propios intereses a esas organizaciones.
Es lo que está pasando entre la Central Obrera Boliviana (COB) y el Gobierno, como consecuencia del paro que la organización sindical ha convocado para exigir que se anule el cierre de la estatal Enatex y ante el temor de que esa decisión, una vez que ya ingresamos al tiempo de las vacas flacas, se repita con otras empresas deficitarias que administra el Gobierno.
En ese contexto, la actitud de la COB y, dentro de ella, fundamentalmente de los trabajadores fabriles, ha provocado la reacción de los productores de coca del Chapare que han amenazado con intervenir en el problema si los dirigentes no arriban a acuerdos con el Gobierno. A su vez, los trabajadores fabriles han declarado que no temen esas amenazas y que esperarán a los cocaleros. Es decir, estamos ante el peligro de que se desate una confrontación violenta. Por ello, sería irresponsable e irracional si las autoridades del Gobierno no se esfuerzan por mantener un escenario de pacífica convivencia y no calman a sus bases cocaleras, que muestran una preocupante predisposición a la confrontación.
Además, no debe pasar desapercibido que sería en Cochabamba donde, de no mediar la racionalidad, medirían fuerzas, una razón más para que haya un trabajo concertado entre las autoridades y los sectores involucrados para mantener la paz social y tener abiertos canales de diálogo.

















