“El Laredo” Crónica de un patrimonio, para una teoría social de la educación
El 5 de febrero, el Instituto Eduardo Laredo recibió del Gobierno Departamental el marco legal para reglamentación de la Ley de Patrimonio Cultural y Educativo del Departamento. Esto merece, y aunque hay material sensible para una apología, al menos una redacción explicativa.
La educación es el mecanismo mediante el cual una sociedad transmite de una generación a otra, elementos que hacen al género humano. La cultura hace al ser humano posible, más allá de la estructura biológica y un mecanismo ideológico de reproducción de sistemas de dominación y poder, de legitimación y distribución de los procesos productivos y los patrones de consumo en las distintas esferas en las que se desenvuelven los individuos; instrumento de legitimación y reproducción de las estructuras de la sociedad, mecanismo que conduce consciente o inconscientemente el comportamiento humano.
Circula en el ámbito de la ciudadanía, en la corriente de lo político. En Bolivia se organiza esta política, como educación escolarizada, superior, técnica y tecnológica y educación especial y alternativa.
No es antojadizo pensar, que toda organización social que desborda la educación oficial con el fin de generar educación, muchas veces en artes, en educación especial, deportiva y especialidades técnicas, que se encuentran muy poco reguladas o en proceso de homologación y acreditación de licencias, se constituyan o funcionen en un segundo ámbito de la vida civil, que no es específicamente política en tanto que el poder que generan no está vinculado al Estado y sus instituciones y no tienen fines de lucro, o al menos subsisten en el mercado, y son sostenidas por redes de ciudadanía. Y aunque no necesariamente entran en conflicto con lo establecido, se consolidan o desaparecen rápidamente, o quedan a medias, se disminuyen o son absorbidas por la educación oficial.
A principios de la década del 60, Franklin Anaya Arze y un grupo padres de familia y profesores desarrollaron un proyecto educativo que con el tiempo se constituiría en modelo de educación, marginal, a las políticas educativas: el funcionamiento pedagógico de educación integral del instituto Eduardo Laredo de Cochabamba. Su primera gestión académica fue con un reducido grupo de niños de primaria en 1961.
Se consiguió permiso de la Alcaldía para funcionar en la maestranza de los equipos de limpieza de la ciudad –camiones de basura-, en la calle 16 de julio entre Sucre y Jordán, en el lugar que hoy ocupa la Casa de la Juventud. Allí comenzaron sus labores educativas. Por las mañanas se pasarían clases de contenido humanístico. Pero por las tardes los niños seleccionados se dedicaban a las artes, no como un acto de hora cívica, sino académicamente, de manera ordenada, con formación teórica y práctica en las artes.
Un programa fuera del orden establecido exigía muchas veces recoger de las casas a los niños para que asistan al extraño turno artístico de la tarde. Don Franklin, Don Rafito Anaya, otros maestros como Don Gastón Paz, tocaban las puertas de aquella Cochabamba campestre en busca de los talentos infantiles del valle.
En 1964 obtuvieron el primer permiso para funcionar como una escuela, y recibir por vez primera una remuneración al trabajo que realizaban ad honorem, porque así era, se tenía que salir adelante con amigos que daban algo de su tiempo. La Resolución Ministerial del 64, decía: “(…) se imparte la enseñanza correspondiente (…) de las escuelas (…) además de la enseñanza musical intensiva”.
Pero los cambios políticos siempre han sido bruscos en nuestros país, y hubo que buscar más “favores” para continuar en algo que ya tomaba un cuerpo importante. Para mediados de los 70 además contó con infraestructura propia, bastante más reducida que el proyecto original que abarcaba del puente de la Recoleta hasta el actual puente Antezana, se trataba de una zona urbana cultural.
Una noche del año 1985 vi salir de casa entrada la madrugada a Don Enrique Ipiña Melgar, entonces ministro de Educación, luego de una reunión con Dn. Franklin, detrás de ellos una humareda también abandonaba aquel escritorio ubicado en el jardín e independiente a la casa. Meses después el Instituto Laredo era nombrado “centro piloto” de enseñanza regular y formación musical.
La educación integral del Instituto Laredo era ya una sólida estructura curricular que combinaba ciencias exactas humanas y sociales con las artes, respondiendo a un paradigma de ser humano no centrado únicamente en la razón y en detrimento de las emociones y expresiones humanas, desarrolladas en este centro como parte esencial de la formación cognitiva de los niños.
Todo ello deja en evidencia la peregrina marginalidad a la política educativa y la dificultad de un proyecto pedagógico que no nace del nivel político, sino que se forma y desarrolla desde la sociedad civil. Los “centro piloto” desaparecieron en el proceso de la última reforma y con ellos importantes sistemas educativos, como el Bellas Artes de Santa Cruz (1979) en su versión integral. El Instituto Laredo sobrevivió al pasar de “piloto” a “Patrimonio cultural” que son palabras mucho mayores.
Se realizó a través de Ley 123 del 11 de mayo de 2011, una ley que protegía constitucionalmente en el rango de patrimonio a un sistema educativo que no permanecía sino al margen de las políticas educativas. Aun así la falta de una reglamentación de aquella ley dejó, si bien con protección, en statu quo a este sistema que hubo de hacer esfuerzos para adecuarse al sistema oficial.
Finalmente, el 2018, la Asamblea Legislativa Departamental y el Gobierno Departamental promulgaron la Ley Departamental de Patrimonio, y se entregó aprobado el marco de intenciones que en 30 días sería la reglamentación que permitirá el funcionamiento de una institución solvente que no se puede ocultar y pasar por periférica a la educación, sino que cada vez más se muestra como la médula de una educación boliviana. Actualmente, el instituto Eduardo Laredo tiene una malla curricular artística extensa, que constantemente busca homologarse internacionalmente a través de convenios, en música, danza y teatro, y hacen de esta institución un modelo de educación y una de las más importantes en formación artística del país.
Lo que nos permite pensar esta extraordinaria travesía de seis décadas es que es posible pensar en una educación desde fuera de la política y empoderarla como un movimiento. Es posible constituir una educación menos traumática en términos institucionales, o mejor menos violenta que otros espacios socioculturales a los cuales están enfrentados actualmente los niños. ¿No es la educación en su más sencilla comprensión, la manera de enriquecer nuestra cultura y aspirar a la plenitud del ser que organiza su espacio y su tiempo en una dimensión de felicidad?
PATRIMONIO
La semana pasada se realizó el acto de entrega del ansiado reglamento de la ley que declara Patrimonio Cultural Inmaterial y Educativo del Departamento de Cochabamba al Instituto de Educación Integral y Formación Artística Eduardo Laredo por su contribución al arte, música, danza y teatro.
El autor es Director Instituto Eduardo Laredo























