El personaje conceptual en Marcel Duchamp
Jorge Luna Ortuño
Filósofo e investigador
La cuestión está en la creación de personajes conceptuales a través de la colocación de objetos fuera de sus contextos naturales. Por ejemplo, una tijera dentro de un domicilio se define básicamente por su funcionalidad, no tiene mayor relato que el doméstico. Pero en cambio una tijera expuesta dentro de una caja de vidrio en una galería de arte, se supone que tiene plusvalía de sentido.
A saber, los objetos son lo mismo en cualquier parte, pero cuando cambian los espacios donde se los emplaza, se modifica lo que se puede contar a través de ellos. Borges explica en el fabuloso Pierre Menard, que copiar palabra por palabra en contextos diferentes construye una narración nueva. En el mundo de las artes, cada espacio expositivo demarca un contexto diferente. Un repositorio de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, por ejemplo, semantiza de carga institucional a todo aquello que se expone dentro de sus cuatro paredes, le otorga un plus de legitimidad y de validación ante la comunidad artística y el público visitante.
Marcel Duchamp es recordado como el pionero en hacer de los objetos cotidianos portadores de nuevas narraciones. (Ready made u objeto encontrado ya existente). Cada obra existe en una relación temporal con el contexto anfitrión. Pero al mismo tiempo, la obra tiene la potencia de modificar al espacio por su acción.
Este es quizá el logro menos reconocido de Duchamp con la icónica obra “La fuente”: que la acción de exponer a dicho objeto modificaba más al espacio de lo que el espacio modificaba al objeto. Recordemos que Duchamp no logró exponer “La fuente” en su momento (1917), pero de todos modos se hizo conocida por haber sido rechazada para su exposición por la Sociedad de Artistas Independientes de Nueva York; también se llegó a conocer internacionalmente gracias a la fotografía de la obra que tomó su amigo Alfred Stieglitz. Es cierto que muy poca gente llegó a verla in situ. Lo que la mayoría de la gente conoce es la fotografía del urinario volcado. Parte de ello también es causante de que la historia del arte recuerde este episodio mucho más por el objeto urinario y muy poco por el espacio en sí donde debía exponerse.
La explicación más simplista que se extrajo de aquella experiencia señala que, desde Duchamp, cualquier objeto, por el sólo hecho de exponerse en museos y galerías, se puede transformar mágicamente en “obra de arte”, deseable, consumible para la contemplación reflexiva, coleccionable, digna de superar el paso del tiempo. Pero aquello se ha convertido en un tópico recurrente que carece de mayor interés.
Lo interesante es ver cómo Duchamp, en la simple acción de proponer un urinario volcado en una exposición de los artistas más radicales de New York, logró aludir críticamente al contexto del espacio expositivo. Hizo del urinario una pieza de su máquina de guerra, convirtió a los objetos que usó en verdaderos personajes conceptuales de su filosofía espontánea. En “Postproducción”, Nicolás Bourriaud señala: “Toda obra es el resultado de un escenario que el artista proyecta sobre la cultura, considerada como el marco de un relato –que a su vez proyecta nuevos escenarios posibles, en un movimiento infinito”. Para Marcel Duchamp “el arte es un juego entre todos los hombres de todas las épocas”. La posproducción será la forma contemporánea de ese juego.
¿Y acaso no era también un poco este el enfoque de Deleuze al interior de la historia de la filosofía? Había un poco de posproducción en sus primeras monografías. Mucho más después en sus colaboraciones con Guattari. Se escucha ese eco cuando Bourriaud dice: “La cultura del uso implica una mutación del estatuto de la obra de arte: será un agente activo, una partitura, un escenario plegado, una grilla que dispone de autonomía, y de materialidades en grados diversos, ya que su forma puede variar desde la mera idea hasta la escultura o el cuadro”. Es decir, en muchos casos, las obras de arte contemporáneo no se ubican como la conclusión del proceso creativo (producto acabado) sino como un lugar de paso, un portal, un sitio de extraña orientación.


























