Un cafetal del tamaño de Bolivia
Dicen que todos los días, en el planeta se beben entre 1.600 y 2.000 millones de tazas de café. El 65% de ellas se toman por la mañana. Ingresar a un buscador de Internet y realizar consultas resulta motivante y provocador. Más de 25 millones de fincas familiares en unos 80 países cultivan alrededor de 15.000 millones de cafetos, y la producción de uno de ellos, termina en nuestra taza.
“El 96% de la producción de café en Bolivia se concentra en las provincias de Caranavi, Nor y Sud Yungas del departamento de La Paz, la especie que se produce es la Arábica, seguido por Santa Cruz con un 3% y Cochabamba con un 1%”, dice la Ficha comercial del café publicada por la Cancillería. El café Takesi está calificado como el mejor que se produce en Bolivia.
Brasil es el principal exportador de café del mundo, por un valor de 4.360 millones de dólares anuales, su producción alcanza el 23% de las exportaciones mundiales, seguido de Vietnam, 15%, Colombia, 12% y Honduras con el 6%. Bolivia es el 74º proveedor con una participación del 0,03% del total exportado a nivel mundial en la gestión 2018.
Hace unos días realicé una provocación en las redes sociales utilizando el aroma del café. Varias lecciones fueron cosechadas en el debate; la primera: que a pesar de las dificultades generadas por la pandemia y la crisis económica que vivimos, no perdemos el valor de lo cotidiano y mantenemos el gusto de compartir una taza de café. Queda claro que todos estamos dispuestos a socializar momentos y experiencias buenas pues en las más de 50.000 interacciones que se generaron en dos días, no existió un solo comentario negativo que le quitara el espíritu festivo con el que nos recreamos al evocar el humeante perfume de esa bebida.
Los comentarios me llevaron a valorar la existencia de esfuerzos humanos que producen, se superan y lo comparten. En calidad, tenemos un café (en sus diferentes versiones y orígenes) que compite, primero con nuestra propia necesidad de buen sabor, y segundo con el que nos llega de fuera. Aquí no hay chovinismo, es la verdad contundente. Quien quiera tener una opción de calidad, sabor y precio, la encuentra al alcance de la mano.
Al volver los ojos a nuestras capacidades, estamos confiando en nuestras propias fuerzas y en ese momento valoramos a quienes están apostando por una forma de vida, relacionamiento y trabajo digno, que se acerca más a nuestro ideal de convivencia humana.
Mi experiencia municipalista me llevó a recuperar el valor del desarrollo económico local, del turismo rural, provinciano, campesino, en su relación con la ciudad. Ellos producen para consumidores que estamos principalmente en las ciudades. Gracias a quienes nos ayudan a alegrarnos un ratito el día, a quienes apuestan por el futuro y desde un cafetal, nos miran sonrientes.
Sería muy útil para el consumidor, y para el productor directo, utilizar nuestras redes para alentar a nuestros productores de café de marcas emergentes que necesitan ser conocidas, y con nuestra degustación empezarán a competir con las marcas que ocupan los espacios comerciales. La lista, incompleta pero contundente, pasa por el café Minga, Cuevas, Ateneo, Buena Vista, AMÉ, Ideal y sigue con Makanaté de la TCO Chiquitana, Monteverde, Patrimonio, Amboró, Yungas, El Torno, Don Isidro, Coroicafé… Cada uno diferente y con sabores particulares dependiendo de la zona, del barista, de la mano del maestro tostador y de la variedad. Ahora que estamos aprendiendo a conocerlos y valorarlos, (no se puede valorar lo que no se conoce), seamos gratamente felices todas las mañanas gracias a esta cadena productiva y trabajadora.
Creo que todos somos conscientes de la importancia de este oficio de divulgar lo nuestro que, además, es bueno. Se trata de poner en valor una producción local, que compite en calidad internacional. Tod@s tomamos café, todo el tiempo; la oferta internacional se encarga de posicionar sus productos de marca y nos corresponde a nosotros valorar lo nuestro. Y también se trata de reconocer el desarrollo de una cultura producto de la modernidad, que debe expresarse en un consumo responsable.
Tenemos opción de elegir. Demos una oportunidad a uno de los mejores cafés del mundo. Comprométete a que tu próxima taza de café será de uno boliviano, y ayudemos a construir un cafetal que tenga el tamaño de Bolivia.
El autor es director de Innovación del Cepad
Columnas de CARLOS HUGO MOLINA



















