Tratamientos ¿de dónde, de la ciencia o la infodemia?
En los últimos meses, la gente se ha visto confrontada con una pandemia sin precedentes. La Covid-19 ha hecho visible la fragilidad del sistema de salud y la imperiosa necesidad de una transformación. Para muchos, el sólo hecho de desconfiar en el sistema de salud, ha hecho que se aferren más a la infodemia. A sabiendas de que los mensajes por los diferentes medios sociales como WhatsApp y TikTok no tienen contenido confiable, muchos se han apoyado en este conocimiento para cuidarse de la Covid-19.
Muchísimas personas han generado, en las redes sociales, muchísimos mensajes sobre supuestas curas medicinales, es la infodemia de Covid-19. La mayoría de esas curas carecen de prueba alguna de su eficacia, pero tienen más seguidores que los tratamientos basados en evidencias científicas que recomienda el personal de salud. Es más, muchos tratamientos que se originan en la infodemia son seguidos por el personal médico que no está al día con el conocimiento. Este hecho se ha convertido en un problema y peligro para la sociedad.
Según Mills, et al. (2020) esto se genera a través de (1) la desconfianza en la ciencia o el uso selectivo de la autoridad experta, (2) la desconfianza en las compañías farmacéuticas y el gobierno. Esa falta de credibilidad aumenta el impacto de la infodemia que da (3) explicaciones directas, (4) utilizando la emoción; y (5) es parte de las burbujas de información, decir, el bombardeo personalizado de contenidos específicos que responden a los intereses de usuario.
Para que un tratamiento médico se formalice por la evidencia, pasan muchos años de seguimiento a pacientes y síntomas. Se incluye muchos casos en el estudio, preferiblemente de diferentes orígenes, sexos y edades. De hecho, los tratamientos se generalizan para la población por los promedios obtenidos; algunos se contraindican de acuerdo con estos resultados. Y después de muchas revisiones, el tratamiento se aprueba.
¿Qué pasa con los tratamientos de la infodemia? Una persona aprovecha su teléfono y trasmite un mensaje que quizás le resultó. Pero ¿será cierto? Hay varios aspectos a cuestionarse antes de creer. 1) Si la enfermedad se repite, ¿el tratamiento resultaría igual de eficaz que la primera vez en esa misma persona? 2) Si otra persona se enferma, ¿el tratamiento tendría el mismo efecto? 3) ¿Hay efectos secundarios? 4) ¿Se han reportado todos ellos? 5) Si la persona muere, ¿se reporta en un video, o solo se muestran los casos con resultados positivos?, 6) ¿Existe una medicina para muchos tratamientos? (por ejemplo, cáncer y Covid-19)?
Se ayuda al no compartir la infodemia. Tengamos cuidado de no recomendar lo que no ha sido probado.
La autora es PhD en economía internacional
Columnas de KATHYA CÓRDOVA POZO
















