VIH-Sida, 40 años de pandemia
Hace 40 años fueron identificadas por primera vez algunas manifestaciones de la enfermedad conocida actualmente como síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) y que hasta ahora ha provocado la muerte de unos 40 millones de personas. Su causa, el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), se identificó en 1983.
Esta otra pandemia parece haber salido del foco de la atención pública debido al impacto de la de Covid-19. Pero eso no impide que el mal se siga propagando.
En América Latina las nuevas infecciones por VIH no han descendido entre 2010 y 2020 y la reducción en el Caribe no ha ocurrido al ritmo necesario. Acelerar la introducción y escala de nuevos métodos de prevención y tratamiento para la población en mayor riesgo es clave para retomar el rumbo y superar los retos presentados por la pandemia, advierte un documento de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Saluds (OPS) y Onusida, emitido en ocasión del Día Mundial del Sida, que se celebra cada año el 1 de diciembre.
“El VIH no afecta a todos por igual. Existen personas que están en mayor riesgo de infectarse, que siguen siendo víctimas de estigma y discriminación, y que no acceden a los métodos de prevención o a la atención que necesitan, y eso es inaceptable. Si queremos terminar con el sida, debemos enfocarnos en aquellas personas en mayor riesgo, y en acelerar la introducción de nuevos métodos de diagnóstico y prevención existentes, así como en garantizarles el acceso al tratamiento más efectivo en forma temprana”, afirmaba la directora de la OPS.
Terminar con el sida en el mundo es una meta fijada para dentro de nueve años, en 2030, y cuyo cumplimiento está en duda, debido especialmente a los esfuerzos sanitarios que demanda la lucha contra la pandemia de Covid-19 e causan un descuido en la atención y prevención de enfermedades infecciosas como el Sida.
Así lo reconoció el coordinador del programa VIH/Sida del Sedes de Cochabamba. Desde enero, aquí se han notificado 535 nuevos contagios del mal.
Esas cifras confirman un antiguo temor. Es que el Estado boliviano, año tras año, sigue arrastrando muy graves deficiencias en las políticas preventivas, las relacionadas con la educación e información. Y aunque ese vacío ha sido llenado, por lo menos parcialmente, por instituciones privadas, no ha sido suficiente para compensar las deficiencias de las instituciones estatales, lo que se refleja en el continuo avance de la enfermedad.
En tales circunstancias, lo menos que puede exigirse a quienes tienen en sus manos la salud del pueblo boliviano es que dejen de incurrir en la omisión de sus deberes.



















