Declarar y caer
El poder no solo se ejerce a través de decisiones o políticas públicas; sino, también con símbolos y palabras que deben ser adecuadamente empleadas; porque la política está en permanente exposición mediática y la comunicación ocupa un lugar muy importante; por ello, gobernar implica saber hablar; caso contrario, surgirán consecuencias.
Sobre lo anterior tenemos innumerables ejemplos: Carlos Mesa quien, al intentar explicar la situación económica del país, señaló que tenía que extender la mano para pedir limosna a los organismos internacionales; 20 años después, lo seguimos recordando.
Por su parte, recordemos la burla del entonces presidente Evo Morales al movimiento cívico-ciudadano, cuando refirió que la gente bloqueaba con pititas y que él podía darles cursos, seminarios sobre como realizar bloqueos; al final, el movimiento se fortaleció y él termino renunciando y fugando a México.
El 2021, la entonces senadora Andrea Barrientos, en plena sesión parlamentaria declaró que tenían “más afinidad con el MAS que con Creemos;” esto provocó diversas críticas por sus colegas parlamentarios y al final, terminó renunciando a la jefatura de bancada.
Asimismo, ya en su condición de Viceministra de Autonomías, siguiendo la línea emitida por el presidente Paz, realizó una serie de declaraciones poco afortunadas que terminaron desgastándola frente al oriente y recientemente presentó su renuncia. En ambos casos, la renuncia aparece como un mecanismo político de contención ante situaciones donde el desgaste público se vuelve insostenible.
Por otra parte; Margot Ayala, quien se desempeñaba como Directora Ejecutiva de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, presentó su renuncia en medio de cuestionamientos vinculados a las declaraciones que realizó en las que reconocía haber sido servidora pública en la época del MAS añadiendo además que presenció varias irregularidades y que no denunció ni hizo nada al respecto.
Finalmente, a este escenario, se sumó la controversia protagonizada por Durby Andrea Blanco con declaraciones absolutamente fuera de lugar e impropias para el acto de presentación de política pública; si bien no renunció, el episodio ilustra con claridad cómo una frase puede convertirse en un tropiezo político que genera consecuencias.
Por ello, ejercer una función pública exige algo más que capacidad técnica o liderazgo político. Requiere también disciplina comunicacional, prudencia y control del mensaje. Cuando esas condiciones faltan, el costo político puede ser inmediato.
En definitiva, muchas de estas renuncias comparten un rasgo común: pudieron haber sido evitadas. En más de un caso, si las autoridades hubieran medido mejor sus palabras, probablemente habrían continuado en sus cargos. Pero en política, como advierte el viejo refrán popular, el riesgo siempre está presente: el pez muere por la boca. Por ello, cuando quien habla ocupa un cargo público, las consecuencias podrían llegar más rápido de lo que imagina.
Columnas de RONALD ZENTENO YAVE

















