Antes del fin
Pasas la línea de los cuarenta y se hace un hecho inevitable. La muerte se te aparece más cerca que lejos y no puedes dejar de pensar en el fin, cada vez que un dolor allá te perturba, un amigo estira la pata repentinamente o cae un rayo a tu lado fulminando una hormiga. La perennidad de la vida humana te acongoja y piensas, entonces, en tomártela con calma, dejar de buscar efusivamente la comodidad material, los logros personales, el aplauso y el prestigio y enfrascarte, más bien, en recuperar el tiempo perdido y ponerte a engrandecer el alma y enriquecer el espíritu a través del placer absoluto del conocimiento y del pensamiento de aquellos grandes hombres que escribieron su inmortalidad en las páginas de ciertos libros, de algunas obras de arte que forman parte del canon occidental y que debes conocer para asegurarte la vida plena. Conocerlos antes de morir y así salvarte de perecer en la ignorancia o en la privación de haberle dado gozo a tu alma triste.
¿Por dónde empiezo a ponerme al día? Por el Premio Nobel, claro, el referente de la literatura universal, tendré que empezar a leer a aquellos pocos autores que todavía no leí. A ver, no conozco a Coetzee, ni a Kertesz, ni a Naipaul ni a Xingjiang. Tampoco a Gordimer ni a Mahfouz. Es raro pero nunca me había dado cuenta de que hubiera tantos premios nobeles tan desconocidos como Seifert, Milosz y Elytiss. Pucha ¿Quiénes serán Sillanpää, Lagerkvist y Laxness? Tal vez comenzar con los nobeles es un error porque a lo mejor, digo, no son tan universales como uno piensa. ¿Y ese Shólojov, quién será no? Bueno mejor no me meto con el Nobel, después de todo nadie me culpará por no conocer a tantos ilustres. Vamos por los más universales.
A ver, nunca leí a Petronio, lo confieso. Lo mejor será comenzar por ahí, por los clásicos. Pero ¿Primero Petronio o primero Terencio? ¿Me alcanzará el tiempo para leer a Catulo, a Lucrecio a Propercio y a Catón? Tengo la sensación de que el tiempo que me queda no me va alcanzar para abarcar a todos ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Primero leo a Anselmo de Canterburry o a Athanassius Kirscher? No, debería de una vez leer a Santo Tomás de Aquino que siempre me pareció un adobe o quizás comienzo por el Amadis de Gaula. ¿Primero lo profano o primero lo religioso? ¿Qué hago? Tengo que leer a Ibsen, tengo que leer a Ibsen. Harold Bloom dijo que no hay que morir sin leer a Ibsen, pero tampoco leí todo de Bloom, a lo mejor se contradice. ¿Primero Bloom o primero Ibsen? ¿Y Beckett? ¿Y Johnson? ¿Y Milton? Nunca leí al maldito de Chaucer, no quiero irme de este mundo sin conocer los infiernos de Chaucer. Debo leer más, debo leer más. A ver, con calma, mejor será completar las bibliografías de autores ya leídos. No leí todo de Shakespeare, ni de Cervantes ni de Quevedo. ¿A qué rato leo a Chejov? ¿Y Gogol? ¿Y Pasternak? Debo releer a Tolstoi, maldición, a ese ruso no lo entendí. Tampoco entendí todo de Joyce, debo releer a Joyce ahora que estoy maduro. ¿Qué hago? ¿Releer lo conocido indispensable o leer lo indispensable desconocido? ¿Qué hago? ¿Qué hago?
Y mi amigo que me dijo que si no había leído Baudelaire en francés, no había leído Baudelaire. ¿Y ahora? ¿Aprendo primero francés? ¿Y después? ¿Aprendo ruso para disfrutar Dostoievsky? ¿Tomo un curso acelerado de italiano para entender Petrarca? ¿Y qué hago para aprender tan rápido japonés y comprender Mishima? Ya no me queda tiempo, ya no me queda tiempo. ¿Y la presión feminista? No me van a dejar tranquilo si no termino de leer a Safo, a Dickinson, a Woolf. ¿Cuándo voy a terminar Pizarnik? ¿Con qué tiempo? ¿Con qué tiempo? ¿Y el gran Lezama Lima? Me faltan 140 páginas de Paradiso, ¡140 páginas! ¿Y qué hago con la filosofía? Me quedan medio centenar de alemanes y 45 griegos. ¿Dejo mi trabajo? ¿Dejo la docencia? ¿Dejo de comer? Tal vez si reduzco las horas del sueño, el tiempo alcance. ¿Y si no? ¿Cómo descanso en paz? ¿Cómo le hago para morir en paz? ¿Eh? ¿Cómo le hago?
Xavier Jordán A.
Docente y escritor
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